martes, 16 de abril de 2024

MUROS MÁS ALTOS PARA LA EUROPA FORTALEZA

MUROS MÁS ALTOS PARA LA EUROPA

 FORTALEZA

CONTEXTO

Frontera. / La boca del logo

Por un estrechísimo margen de votos, el Parlamento Europeo acaba de aprobar el paquete normativo pomposamente denominado Sistema Europeo Común de Asilo: nueve actos legislativos destinados a cambiar y unificar las normas básicas sobre acogida de migrantes y refugiados.

 

La Unión Europea hace tiempo que renunció a la transparencia y funciona como una máquina burda de propaganda, así que una vez más ha acompañado esta decisión de un sinfín de declaraciones vacías y elogios sonrojantes destinados a maquillar sus actos e impedir el control democrático de los mismos. La mayoría de los medios de comunicación han informado de este acuerdo incidiendo en cuestiones estratégicas como el mecanismo de reparto de cuotas de asilo entre todos los países de la Unión (que todos reconocen llamado al fracaso), la externalización de fronteras pagando a países como Turquía, Egipto, Libia o Marruecos para que frenen la inmigración antes de salir y el reforzamiento del cuerpo paramilitar europeo de control de las fronteras, el tristemente célebre Frontex.

 

Sin embargo, la realidad del texto es mucho más grave. Así lo advierten las oenegés más prestigiosas, los juristas especializados y cualquiera que acceda directamente al texto.

 

El pacto no es, ni mucho menos, el acuerdo a largo plazo que necesita Europa para abordar el fenómeno de la migración y de la inevitable llegada de personas de distintos orígenes. Con cortedad de miras, yerra tanto en el diagnóstico como en la solución. Respecto al primero, todo el pacto se sustenta en un postulado que no hace más que reforzar la xenofobia: la asunción de que la llegada de gente de fuera es, antes que nada, una amenaza. Frente a ella se opta por endurecer las condiciones de acceso a los extranjeros a costa de reducir sus derechos humanos. Se aumenta la represión una vez más contra quienes intentan llegar a nuestro continente. Y se hace sabiendo que así no se evitan las llegadas sino que simplemente se aumenta el sufrimiento de los migrantes.

 

Las nuevas leyes incluyen multitud de medidas que desprecian la dignidad de las personas. Se generaliza el reconocimiento facial y el almacenamiento masivo de datos personales de los migrantes de más de seis años de edad, se permite la detención de cualquier sospechoso de haber entrado ilegalmente, se normalizan las devoluciones en caliente pese a los problemas que esta práctica presenta… En general, el pacto es además una amenaza contra el deber de protección internacional de las personas amenazadas o perseguidas. Incluye nuevos plazos para facilitar el rechazo de las demandas de asilo, que se conseguirá –entre otras cosas– mediante medidas como la denegación de solicitudes de asilo en razón del país de origen del demandante, sin analizar las circunstancias concretas de cada refugiado. Esta idea sádica, colonialista y racista, pensada sobre todo para evitar que los palestinos puedan llegar a Europa como asilados, supone de facto arrebatar los derechos humanos individuales más básicos a las personas nacidas en países y regiones que no sean del gusto de la UE.

 

Frente a ese despliegue represor, el pacto migratorio no incluye ningún mecanismo de migración legal y segura que canalice y facilite los inevitables flujos migratorios. Europa vive en plena fiebre belicista, y el apoyo suicida a Israel y Estados Unidos en el genocidio y la limpieza étnica de Gaza se completa ahora con esta contrarreforma vergonzosa, marcada por el desprecio a la vida humana y los derechos, que ni siquiera aborda cuestiones como la limitación de la violencia en las fronteras o los sistemas públicos de rescate en el mar.

 

Por supuesto, tampoco se exige a los países externos a los que se sobornará para contener a los migrantes en sus costas un mínimo respeto a los derechos humanos todavía vigentes en Europa –aunque ese respeto empieza a flaquear en algunos países, como acabamos de ver en Alemania–.

 

La creciente deshumanización de la Unión Europea y la iniquidad moral de sus principales líderes nacionales y comunitarios, tan sumisos a la OTAN como cobardes ante el ascenso de las fuerzas de extrema derecha, recuerda mucho a los años treinta del siglo XX, y augura un futuro trágico no solo para el continente sino para el mundo entero.

 

La UE ha desperdiciado la ocasión de legislar reflexionando a largo plazo sobre los retos demográficos, sobre los movimientos masivos de población que producen las guerras y la crisis climática, y sobre la convivencia en sociedad de diversas culturas. Se ha preferido ir a lo fácil: endurecer las fronteras, reducir los derechos y aumentar la policía; en definitiva, más violencia y más represión. Aunque todo el mundo sabe que es intentar poner puertas al mar, Europa no da para más.

 

En realidad, este pacto no va a resolver nada: se ha aprobado exclusivamente para tratar de calmar a una opinión pública europea cada vez más derechizada. Y se hace, exclusivamente, aumentando el sufrimiento de quienes van a seguir migrando. Parece, pues, que en esta nueva Europa miserable e intervenida por Washington que estamos construyendo, la solución para todos los problemas es reducir los derechos humanos. Nunca la expresión “Europa fortaleza” ha sido tan acertada como tras la aprobación de este nuevo acuerdo de la vergüenza.

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