EL GRAN BOCHORNO
JUAN TORTOSA
Les invito a revisar detenidamente el vídeo del momento en que, el pasado jueves en el Congreso, Meritxell Batet se equivoca al sumar y anuncia que "queda derogado el real decreto ley" de la Reforma Laboral con una expresión que delata su dificultad para acabar de creérselo. Ni la mascarilla le permitió disimular su desconcierto, dado el titubeo con que lo hizo. Mira a su derecha, vuelve a mirar al centro, cambia un folio de sitio, a continuación dirige la vista al infinito y pulsa un botón mientras la ujier la observa con cara de pena. Empiezan los murmullos y, cuando el realizador pincha el banco azul, se puede ver a Sánchez, Calviño y Díaz inexpresivos, con cara de póker, si movieron algún músculo las mascarillas lo ocultaron, ¡ay las mascarillas, qué oportunas en esta ocasión! Sánchez mira
El contraplano
siguiente, en el que se ve a las derechas manifestar su alegría, es toda una
mina para el observador cuando lo congelamos: aplauden la mayoría, sí, pero no
lo hacen ni Casado, ni Gamarra, ni García Egea ¿Sabían ellos también que eso
todavía no había acabado? Aitor Esteban se toca la oreja izquierda sin acabar
de dar crédito a la posibilidad de haber metido la pata, porque el PNV no
quería que la reforma se derogara, solo se trataba de asustar un poco, ¿o no?,
Rufián no sabe dónde meterse; Smith, Olona y Espinosa de los Monteros, este
último apretando el puño feliz, miran y aplauden arrobados a los dos traidores
de UPN mientras el presidente y las dos vices permanecen tranquilas mirando a
la presidenta de la Cámara quien, tras los veinte eternos segundos que habían
transcurrido desde su intervención anterior, vuelve a tomar la palabra:
"Los servicios de la cámara me informan de que queda convalidado el real
decreto ley", proclama. En el banco azul ya están de pie cuando los vemos
de nuevo: Sánchez, Calviño y Díaz entrelazan las manos exultantes mientras
miran a los suyos que, tras esos veinte taquicárdicos segundos, aplauden ahora
unos con más ganas que otros. El plano se va abriendo y vemos entonces cómo
María Jesús Montero se acerca a Yolanda Díaz para abrazarla con su entusiasmo
habitual; Nadia Calviño se lleva las manos a la cabeza en un gesto que igual
puede ser de alivio como de contrariedad y desde la bancada socialista algunos
increpan a sus adversarios al tiempo que estos transforman los aplausos en
protestas y abucheos.
En resumen, un sainete
en toda regla que no sé a ustedes, pero a mí me produce vergüenza ajena.
Jugaron con fuego y estuvieron a punto de quemarse. Jugaron con fuego todos, no
solo los partidos que hicieron posible la investidura y el jueves votaron
contra la convalidación de la ley, sino también el Gobierno de coalición porque
veamos: ¿a quién es atribuible la responsabilidad de que Alberto Rodríguez no
haya regresado aún a su escaño vacío?
Por otra parte, tan
trileros como son en el PSOE y con lo bien que se manejan haciendo trampas en
las votaciones ajustadas (lo demostraron por ejemplo en julio de 2018, cuando
dos socialistas impidieron con su "equivocación" que se constituyera
un Consejo de Administración en RTVE donde iba a haber cinco vocales de Podemos).
¿Cómo es posible que se relajaran hasta el extremo de confiarlo todo al sentido
de la lealtad de dos diputados de UPN? ¿Cómo es posible que no contaran con que
en el PP tienen menos prejuicios que ellos, como demostraron hace años cuando
compraron a Tamayo y Sáez y hace poco en Murcia con Ciudadanos?
Tanta ingenuidad
resulta difícil de creer. ¿Cabe la posibilidad de que en el PSOE alguien
"adivinara" que el diputado popular Alberto Casero se iba a
"equivocar"? Del episodio del jueves en el Congreso no sale bien parado
nadie. Con todos los peros que se pueden, y se deben, poner a la Reforma
Laboral, esta ley no se merecía salir adelante de la manera en que lo ha hecho.
Nadie puede estar orgulloso de lo que pasó. Tan dados como son a las
gamberradas y a las salidas de todo me temo ahora cualquier cosa de la derecha
ultra y de la ultraderecha. No creo que se queden en lo de interponer ante
instancias judiciales las demandas que ya han anunciado. Aunque quizás, como
tampoco son tan tontos, igual se cortan un poco hasta ver qué pasa el domingo
13 de febrero con las elecciones en Castilla y León.
¡Menudo galimatías,
menudo bochorno, menudo peligro! Como decía un compañero el otro día, qué
difícil tienen los corresponsales extranjeros explicar en pocas palabras tanto
despropósito.
J.T.
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