jueves, 18 de junio de 2020

VUELVEN EL FÚTBOL Y LOS GAL... SIN PÚBLICO


VUELVEN EL FÚTBOL Y LOS 
GAL... SIN PÚBLICO
ANÍBAL MALVAR
Ya está el circo futbolero otra vez en marcha, con toda su belleza y sus miserias, con su ecosistema marcado por las oligarquías beneficiadas por árbitros clasistas, como la sociedad misma; con su racismo evidente, como en cualquier calle, aunque ahora escondido por la ausencia de público; con sus defraudadores de Hacienda y con el voxero Javier Tebas, presidente de la Liga, recordándonos de dónde venimos y adónde vamos. Como la vida misma, camaradas.

Y, simultáneamente, han vuelto también los GAL, aquel simpático grupo de asesinos torpes que tenía por costumbre liquidar al terrorista equivocado. O sea, al inocente. Un informe desclasificado de la CIA y desvelado por  La Razón nos desempaña la incógnita, por ejemplo, de que Felipe González ordenó la creación de aquel ejército de sicarios filemones, con lo que ya tenemos la X de la quiniela. "Si la participación de Madrid es confirmada, las credenciales democráticas del Gobierno español y del PSOE quedarían manchadas seriamente", señalaban los agentes de la inteligencia yanqui, tan vigilantes y oscuros actores de nuestra modélica transición. Y, como el fútbol, el GAL ha vuelto sin público. O, al menos, con la España mayoritaria mirando hacia otro lado.


Recordé mucho estos días el escándalo que se montó en el ya lejano marzo de 2016 cuando, en sede parlamentaria, Pablo Iglesias le recordó a Pedro Sánchez que Felipe González "tiene el pasado manchado de cal viva". Si hubiera dicho lo mismo en el mismo lugar y el mismo día cualquier político de nuestra lenguaraz derecha, el aplauso mediático y social de nuestro batallón patriótico hubiera sido unánime. Sin embargo, en boca de Pablo Iglesias era inadmisible. El servicio no tiene derecho a afirmar que el señorito está borracho. Tiene que conformarse con alabar lo simpático que está hoy el señor.

Nuestra derechona de siempre no se indignó nunca seriamente contra el terrorismo de Estado practicado por el PSOE. Sólo era un elemento más para minar a Felipe González, que iba teniendo aspecto de durar más en el Gobierno que el propio Franco. De hecho, recuerdo al fundador del PP, Manuel Fraga, admitiendo sin tapujos su simpatía hacia iniciativa tan disparadora como disparatada: consideraba a los GAL como cosa "muy oportuna" ya en 1984, en un encuentro con periodistas. Bueno era el patrón, Donmanuel, para andarse con melindres literarios.

Un cuarto de siglo más tarde nos llega a España este informe de la CIA, y la cosa nos da como un poco igual. Estamos acostumbrados a todo. Tenemos un rey un poco gánster --como lo calificaba esta semana la radio pública francesa-- que vaga por los despachos suizos con billetes de a millón en un maletín, y aquí lo más que hacemos es enfadarnos con los bocachancla de periodistas franceses. Si no nos escandaliza eso de un jefe de Estado, ¿cómo nos va a provocar rechinar de dientes la evidencia de que nuestro presidente del Gobierno sea un terrorista? En el fondo, con los GAL, la derecha sociológica española dejó de temer a Felipe González, dándose cuenta de que, no tan en el fondo, era uno de los suyos.

Por los GAL, aunque fueron sentenciados a decenas de años de cárcel, nadie cumplió verdadera condena. Fueron cayendo los indultos y las prebendas penitenciarias para casi todos los implicados, alguno de los cuales no pasó ni medio año en el talego. Esta impunidad la fuimos llevando con mucha discreción mediática y social, ya que veníamos muy bien acostumbrados de tanto tapar los crímenes de nuestro franquismo.

Es normal que un país que considera el toro como cultura y tradición, considere también que el terrorismo de Estado puede ser una manera eficaz de hacer política. Un poco brutos sí que somos. ¿Se reabrirá la causa del GAL contra Felipe González ahora que conocemos estas nuevas revelaciones? Qué va. Bastante ocupados están nuestros jueces con el mucho más oneroso asunto de la pelea del bar de Altsasu, que eso sí que es terrorismo. País.

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