lunes, 25 de abril de 2011

Generación 21. Nuevos novelistas canarios.

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE

Ánghel Morales impulsa a una cantera de 12 autores

en la antología Generación 21: nuevos novelistas canarios

El volumen se presenta el viernes 29 en Santa Cruz de Tenerife

Ediciones Idea y Ediciones Aguere acaban de lanzar Generación 21: nuevos novelistas canarios, un volumen -coordinado y prologado por el escritor, editor y periodista Ánghel Morales García-, que se constituye simultáneamente como carta de presentación de una cantera de 12 escritores del Archipiélago, antología de relatos y demostración de madurez, gracias al impulso potente y desprejuiciado que han sabido darle los narradores seleccionados a la novela de género.

La obra incluye los cuentos «Vino el azúcar», de Víctor Álamo de la Rosa; «Isabel y los visionautas», de Víctor Conde; «Vida, pasión y muerte de Felipe Marqués», de José Luis Correa; «Sin cara ni cruz», de David Galloway; «El encargo», de Santiago Gil; «Las seis caras del azar», de Cristo Hernández; «Los ojos de Henry Fonda», de Javier Hernández Velázquez; «Huellas en el barro», de Álvaro Marcos Arvelo; «La edad de Cristo», de Pablo Martín Carbajal; «Una superviviente, tal vez eso lo explica todo», de Nicolás Melini, «Otra vida», de Alexis Ravelo, y «El perro», de Anelio Rodríguez Concepción.

El libro se presenta el próximo viernes, 29 de abril, a las 18:30 horas en la sede la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC), de Santa Cruz de Tenerife (calle Robayna, nº 2). En el acto intervendrán, junto a los autores, el director de Ediciones Aguere, Ánghel Morales, y la responsable de prensa de Ediciones Idea, Elena Morales.

La abundancia de novelas con la que los escritores de la Generación 21 sacuden el panorama narrativo canario no tiene parangón en la historia de las letras canarias. Solo entre los autores representados en esta selección de Ánghel Morales se alcanza una producción de unas cincuenta novelas publicadas en apenas una década, un número realmente asombroso en relación con la historia literaria del Archipiélago. La novela erótica, negra, de ciencia ficción, policíaca, de creación de espacios míticos, social, fantástica… encuentran espacio, desarrollo y acomodo en sus brillantes propuestas. Generación 21: nuevos novelistas canarios pretende contribuir a la expansión y distinción de esta gran narrativa a través de un relato de cada uno de sus narradores.

Los novelistas

Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969) es uno de los escritores canarios con mayor proyección internacional. Ha publicado las novelas El humilladero, El año de la seca, Campiro que, Terramores y La cueva de los leprosos, entre otros libros.

Anelio Rodríguez Concepción (Santa Cruz de La Palma, 1963), además de libros de poesía y relatos, ha publicado la novela La abuela de Caperucita (2008).

Álvaro Marcos Arvelo (Santa Cruz de Tenerife, 1965) es autor de las novelas El pasaje (1995) y Al sueño polar de golondrinas (2010), entre otros libros.

Víctor Conde, seudónimo de Alfredo Moreno Santana (Santa Cruz de Tenerife, 1973), ha obtenido varios premios nacionales de literatura de ciencia ficción y fantástica. Entre sus novelas figuran El tercer nombre del emperador (2002), Naturaleza muerta (2009) y Crónicas del multiverso (2010).

Cristo Hernández Morales (La Laguna, Tenerife, 1968) es autor de las novelas Recuerdos consentidos (2000), El Jardín de las especies (2001), La mirada de Gioconda (2002) y Los Hermenautas y el código de Apolo (2005), entre otras obras.

Javier Hernández Velázquez (Santa Cruz de Tenerife, 1968), entre otros libros, ha publicado las novelas La identidad fragmentada (2007) y Factotum (2005).

Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971), además de varios libros de relatos, tiene publicada las novelas: Tres funerales para Eladio Monroy, La noche de piedra. La iniquidad I, Solo los muertos (2008), La iniquidad II (2009) y Los tipos duros no leen poesía (2011).

Santiago Gil (Guía, Gran Canaria, 1967) ha publicado las novelas Por si amanece y no me encuentras (2005), Los años baldíos (2004), Un hombre solo y sin sombra (2007), Cómo ganarse la vida con la literatura (2008), Las derrotas cotidianas (2009), Los suplentes (2011), El motín de Arucas (2011) y Sentados (2011), entre otras obras.

José Luis Correa (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) ha logrado cierta repercusión nacional con novelas como Un rastro de sirenas (2009), Una canción para Carla (2008) o Me mataron tan mal (2002). También tiene publicados varios libros de relatos.

David Galloway (Santa Cruz de Tenerife, 1960) ha publicado, entre otros libros, las novelas Testigo (Premio de Novela Corta Canaria en 1985), Agua de arroz y flores (1992) y La cueva de las mil momias (2010).

Nicolás Melini (La Palma, 1969) ha publicado las novelas El futbolista asesino (2000) y La sangre, la luz, el violoncelo (2005), además de varios libros de relatos.

Pablo Martín Carbajal (Algeciras, 1969) tiene publicadas las novelas Tú eres azul cobalto (2005) y La ciudad de las miradas (2010).

Para más información:

Teléfono del director de Ediciones Aguere, Ánghel Morales: 676 863 442

Teléfono de la responsable de prensa de Ediciones Idea,

Elena Morales: 646 818 316

www.edicionesidea.com


Generación 21. Nuevos novelistas canarios. y V

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE

Crítica literaria, antecedentes y contexto

No existe entre estos escritores voluntad de grupo o generacional, apenas las coincidencias, como dijimos, de tiempo y espacio, es decir, son autores que escriben novela en Canarias a caballo entre los siglos XX y XXI. Acaso, además, podríamos proponer como característica o peculiaridad de esta novelística, en relación a los escritores anteriores, que sitúan sin complejos sus narraciones en ciudades y localidades canarias perfectamente reconocibles, con sus nombres y apellidos, y así es fácil ver desfilar por estas novelas entornos urbanos o rurales como Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Arona, Santa Cruz de La Palma e, incluso, localidades muy pequeñas, como La Restinga o El Pinar, por citar algunas de estas localizaciones de la geografía insular.

En un premonitorio ensayo firmado por Juan José Delgado y titulado Apuntes para una aproximación a la narrativa canaria última, publicado en 1996 en el número 25/26 de la revista La Página y donde el crítico analiza la producción narrativa canaria comprendida entre 1980 y 1996, Delgado trae a colación de la poca o nula voluntad generacional de los narradores canarios una reflexión del ensayista Jorge Rodríguez Padrón que por su interés reproducimos a continuación: “En Canarias la comunicación habitual entre los narradores no condiciona ni determina una premeditada intención de grupo”. Delgado añade a las palabras de Padrón que “unos se preocuparán por el lenguaje, otros por mostrar o transfigurar la realidad. En definitiva, pueden ser varias las tendencias, pero casi todas ellas giran en torno a un eje común: la isla”. Más adelante, Juan José Delgado, trayendo de nuevo las palabras de Rodríguez Padrón, aclara que se trata de “un universo-isla entendido no como entidad geográfica o como paradigma de determinadas costumbres, sino como actitud, incluso moral, en muchos casos hasta lingüística, y desde luego social e histórica”.

Cuando Juan José Delgado se pregunta por cuál podría ser la causa de la diversidad de tendencias que caracterizan a la narrativa de aquellos años 80 y 90, responde que el narrador percibe la realidad exterior “fragmentada”, de lo cual se deriva un “yo roto”. De ahí que en dicha narrativa se produzca una “territorialización del yo”, puesto que “el yo crea su espacio y lo crea para establecer en ese lugar su propio nacimiento”. El narrador creará un mundo “potenciado por el subjetivismo y por el poder de un lenguaje cuidadosamente elaborado”. Delgado puntualiza además que “este predominio del yo ha beneficiado la escritura de la narración corta”. A nuestro parecer, el juicio del profesor Juan José Delgado sigue siendo válido para definir la narrativa canaria de finales del siglo XX y de principios del XXI y, si bien algunos aspectos de tipo sociológico nos ayudarían también a explicar la extraordinaria proliferación del relato corto, esa territorialización del yo sigue muy presente en la mayoría de las producciones de los nuevos narradores, no en vano ya en ese temprano ensayo de Delgado se citan las obras de Víctor Álamo de la Rosa, David Galloway y Anelio Rodríguez Concepción, tres de los autores representados en esta selección.

Juan José Delgado es el crítico que más se ha caracterizado por estudiar la narrativa canaria de las últimas décadas y, en este sentido, son paradigmáticas también sus antologías de este género. A este respecto debemos citar El cuento literario del siglo XX en Canarias (estudio y antología), publicado en 1999 por el Ateneo de La Laguna, donde, de entre los autores más jóvenes, sólo incluye a Víctor Álamo de la Rosa. También es suya la antología Los mejores relatos canarios del siglo XX, editada por Alfaguara en 2004, donde incluye narraciones de Anelio Rodríguez Concepción y Víctor Álamo de la Rosa. Ese mismo año, en la excelente revista que él mismo impulsa y dirige, Cuadernos del Ateneo de La Laguna, Juan José Delgado publica un nuevo ensayo, titulado Siete notas para cien años de narrativa, donde sus juicios vuelven a ser esclarecedores. En el epígrafe titulado De los años 80 hacia el siglo XXI Delgado insiste en las claves que explican la última narrativa anterior al fin de siglo: “Los factores o circunstancias que favorecieron el llamado boom de la narrativa canaria en los 70 fueron debilitándose de manera que en la década siguiente se acusa un desinterés por las publicaciones narrativas de Canarias. No obstante, las dos tendencias fundamentales se mantienen. Por una parte, en la modalidad mítico-histórica concurren novelistas del boom (León Barreto, Armas Marcelo, Alfonso O’Shanahan). Agustín Díaz Pacheco, Sabas Martín, Emilio González Déniz son narradores que emergen en los ochenta con novelas que se sitúan entre estas coordenadas mítico-históricas. […] La variedad de tendencias caracteriza a los narradores de las dos últimas décadas del siglo XX. Se aprecia en ellos un fuerte cambio en la conciencia que percibe la realidad. Se mantiene el conflicto entre un protagonista y el mundo exterior o social. Se crea un universo moral conformado por un habitante en el reducto de una isla”.

Juan José Delgado agrega que “hay mundos relatados, como los de Víctor Álamo de la Rosa, que brotan de una raíz inmemorial, en donde el espacio rural se impone, e impone al narrador una escritura cálida. Es el mundo del ayer próximo y del campo, un mundo anciano y en fase de consumación, en donde no son válidos los códigos actuales”. El profesor añade que en la última narrativa canaria del siglo XX se cuenta además “con un relato de ámbito urbano” y cita a Roberto Cabrera. En el camino de la creación de “espacios fabulosos” refiere la obra de Antolín Dávila, mientras que su ensayo finaliza citando las obras de Daniel Duque, Dolores Campos-Herrero, Cecilia Domínguez, Nicolás Melini, David Galloway y Domingo Luis Hernández.

Por su parte, Sabas Martín, en su ensayo sobre la narrativa canaria actual publicado en su libro, ya citado, Ínsula de Babel, escribe que “los últimos narradores canarios se definen en una acendrada actitud individualista, sin intención de grupo. Sin embargo, sí podrían extrapolarse algunos rasgos genéricos. Como que se produce una intensificación del componente mítico, se utiliza la ironía como sistema crítico, se establecen espacios cerrados, se incorporan géneros –relato negro, erótico, la crueldad caníbal- que tienden a una homologación o normalización semejante a la de otras literaturas universales, todo ello sin dejar de establecer vínculos con corrientes netamente isleñas del pasado. Y, casi como aglutinador común, un uso singular del lenguaje, en mayor o menor intensidad según cada autor en particular, que hace que la narrativa canaria (al menos parte de ella) muestre rasgos de diferenciación peculiar con respecto al resto de la literatura española”. En este mismo ensayo, Sabas Martín reclama para algunos de estos autores un análisis más pormenorizado de sus respectivas obras.

Estos trabajos de Juan José Delgado, que llegan hasta finales del siglo XX, junto con los ensayos ya citados de Sabas Martín, son las principales referencias que hemos encontrado a esos años en los que empiezan a gestarse y proyectarse las principales figuras de nuestra narrativa actual. Sobra decir que es muy triste y significativa la ausencia de estudios, generales o particulares, sobre las obras de estos nuevos novelistas que con tanto desparpajo e intensidad han irrumpido felizmente en el panorama de nuestra última literatura canaria.

Premios de novela y editoriales

El principal premio de novela que existe en Canarias es el Benito Pérez Armas, galardón que convoca la entidad financiera CajaCanarias. En la década de los años 70 este premio sirvió para que se dieran a conocer los nuevos narradores que protagonizarían el tan cacareado boom de la narrativa canaria. Sin embargo, resulta interesante comprobar los grandes altibajos de este premio a lo largo de su historia, porque, curiosa y significativamente, sólo dos de los principales novelistas canarios de las últimas generaciones han sido distinguidos con este galardón (José Luis Correa y Cristo Hernández). Pensamos que este hecho (el hecho de que la historia de la novela actual en Canarias se esté construyendo sin la participación del único premio de novela existente en Canarias) debería servir para que sus responsables recondujeran la deriva de este galardón, que cumplió un papel fundamental en los años 70 y que debería cumplirlo en la actualidad, sobre todo porque es el único premio de novela que se convoca en Canarias, un premio que desde hace muchos años no está sirviendo al que debería ser su propósito principal: valer como acicate de la novela en Canarias. Esta realidad nos parece cuando menos curiosa, porque salvo la única convocatoria del ya extinto premio Alfonso García Ramos del Cabildo de Tenerife que se dedicó a la novela y que obtuvo Víctor Álamo de la Rosa, lo cierto es que el panorama literario regional no ofrece demasiados alicientes para el novelista insular. Sin embargo, entendemos que es fundamental la labor que están llevando a cabo algunas editoriales canarias en el desarrollo de esta narrativa, apostando por la edición de obras de estos novelistas. Son los casos de editoriales como Anroart, Benchomo, Baile del Sol, Ediciones Idea, Artemisa, Ediciones La Palma, la Caja Literaria y la propia Ediciones Aguere que, desde su modestia y como director de la misma, he de confesar que también se configura como plataforma de lanzamiento y publicación de nuevos autores. También es muy importante el hecho de que varios de estos autores, en especial José Luis Correa, Víctor Conde y Víctor Álamo de la Rosa, cuenten habitualmente con editoriales de carácter nacional que publican sus libros, como Alba, Planeta o Espasa, entre otras, por lo que eso supone a la hora de una mayor y mejor distribución y promoción de los autores y sus libros. Igualmente fundamental es el nivel de traducciones logrado por las novelas de Álamo de la Rosa, el más internacional de los novelistas canarios de esta última generación.

Por otra parte, y antes de concluir esta breve introducción, se nos hace necesario destacar algunos aspectos a nuestro juicio bastante negativos, como por ejemplo el escaso interés que demuestran los medios de comunicación insulares por este fenómeno narrativo y la ausencia de crítica literaria y la nula dedicación de estudios universitarios, académicos, a la literatura canaria de los últimos treinta años. Resulta asombroso, por no decir patético, la casi total ausencia de ensayos o reflexiones sobre la nueva narrativa de Canarias y sus protagonistas. Pensamos que, con algo más de atención crítica y de los medios de comunicación, este fenómeno narrativo pasaría menos inadvertido. La demostración más evidente de esta falta de interés por la última narrativa de Canarias es precisamente el hecho de que desde 1994, cuando el Ateneo de La Laguna acogió el II Encuentro de Narrativa Canaria: narradores canarios hacia el fin de siglo, ninguna institución haya propiciado la celebración de algunas jornadas, encuentros o congresos en torno a este importante auge de la narrativa canaria. Dieciséis años después, se hace urgente impulsar una tarea de revisión crítica y reformular algunas de las preguntas que ya se hacían los participantes en aquel lejano II Encuentro de Narrativa Canaria, cuyas actas, conclusiones y ponencias fueron publicadas en 1996 por el propio Ateneo lagunero. En el ensayo de Juan José Delgado recogido en dicha publicación, el crítico se quejaba de que la narrativa en Canarias de los años 80 y 90 “ha sido más episódica que continua; es la prueba, acaso, de una sociedad que no muestra de modo natural su cultura sino con golpes de un corazón taquicárdico”. Es hora ya de corroborar algunos cambios en ese escenario descrito a finales del siglo XX y llamar la atención sobre nuestros últimos novelistas. Es necesario que la novela piense Canarias y que los canarios nos pensemos y veamos nuestra verdadera cara tras reflejarnos en el indispensable espejo de la novela, ese género literario que ayuda a madurar nuestras sociedades.

Coda

La abundancia de novelas con que estos escritores de la Generación 21 sacuden el panorama narrativo canario no tiene parangón en la historia de nuestras letras, ni siquiera en la década de los años 70. Las facilidades para publicar y la continuada dedicación al género que vemos en la mayoría de estos autores, nos llevan a hacer una cuenta obvia y hasta fácil: sólo entre los autores representados en esta selección hablamos de una producción de alrededor de unas cincuenta novelas publicadas en apenas una década, un número realmente asombroso si pensamos en nuestra historia literaria (en la tan celebrada década de los 70, si hacemos la misma cuenta, apenas reunimos una docena de novelas). Y aunque ahora estamos hablando de cantidad, simplemente para dejar muy clara la importancia y potencia de este fenómeno narrativo, también queremos hablar de calidad, porque el lector curioso podrá encontrarla indudable y sobradamente en las narraciones de estos autores. Ojalá este libro contribuya precisamente a encaminar nuevos lectores hacia esta narrativa, porque ése es su propósito central y con ese deseo lo hemos puesto en sus manos.

domingo, 24 de abril de 2011

Generación 21. Nuevos novelistas canarios. lV

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE



Alexis Ravelo, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1971, es uno de los principales autores canarios de novela negra. En 2000 publicó Segundas personas, su primer libro de cuentos. En 2006 aparecen Ceremonias de interior, libro de relatos fantásticos y Tres funerales para Eladio Monroy, su primera novela negra. En 2007 publica la novela La noche de piedra. La iniquidad I, y un libro de relatos, Algunos textículos. En 2008 publicó la novela Sólo los muertos y en 2009 vio la luz una nueva entrega de novela negra, La iniquidad II, con la guerra civil y la posguerra españolas como telón de fondo. Los tipos duros no leen poesía (2011) es su última novela, también de género negro
Santiago Gil nació en Guía (Gran Canaria, 1967) y ha publicado las novelas Por si amanece y no me encuentras (2005), Los años baldíos (2004), Un hombre solo y sin sombra (2007), Cómo ganarse la vida con la literatura (2008) y Las derrotas cotidianas (2009). También son suyos el libro de relatos, El Parque (2005) y los libros misceláneos de aforismos y relatos cortos Tierra de Nadie y Equipaje de mano. Su narrativa se caracteriza por su gran componente social y, además, en especial las novelas Los años baldíos y Cómo ganarse la vida con la literatura por cierto componente metaliterario, al valerse de escritores o profesores de literatura como personajes, que le sirven para describir el oficio de la escritura y sus ventajas, cuitas y perversidades

Entre los nuevos escritores grancanarios, destaca la proteica obra de José Luis Correa (Las Palmas de Gran Canaria, 1962), prolífico autor de al menos una decena de novelas y varios libros de relatos. Como en la caso de Víctor Álamo de la Rosa, José Luis Correa ha logrado cierta repercusión nacional con sus novelas, sobre todo aquellas de carácter policíaco. Entre sus novelas cabe destacar Un rastro de sirenas (2009), Una canción para Carla (2008), Muerte de un violinista (2006), Muerte en abril (2004), Quince días de noviembre (2003), Me mataron tan mal (2002, Premio Benito Pérez Armas 2004). en 2000), La hija del náufrago (2003), Échale un ojo a Carla (2002). Correa ha destacado como autor de novela negra gracias al personaje de su detective Ricardo Blanco. José Luis Correa ha publicado, además, libros de relatos como La verdadera historia de Helena-con-hache (2004) y ¿Qué quieres que te diga? (

Es David Galloway (Santa Cruz de Tenerife, 1960) el escritor de mayor edad de entre los representados en esta antología. En 1989 se da a conocer con la novela corta Testigo (Premio de Novela Corta Canaria en 1985). Hasta 1992 no publica su segunda novela, titulada Agua de arroz y flores. En 2003 publica el libro de relatos El perfil de las esquinas, mientras que en 2007 da a la imprenta Los días menos pensados, un nuevo libro de relatos. En 2010 publicó La cueva de las mil momias, su última novela hasta la fecha, una curiosa obra de carácter histórico donde fabula con legendarios mitos guanches.

Nicolás Melini (La Palma, 1969) es uno de nuestros narradores de obra más ecléctica y original. A pesar de su dedicación al cine, ha publicado las novelas El futbolista asesino (2000), realmente hilarante, repleta de una ironía corrosiva, y La sangre, la luz, el violoncelo (2005), los volúmenes de cuentos Historia sin cariño de Remedios Quiero Besarte (1999) y Cuaderno de mis mayores (2002). Su último libro de relatos es Pulsión del amigo (2010), donde se incluye el cuento que publicamos en esta antología.

Pablo Martín Carbajal nació en Algeciras en 1969 de familia canaria, pero creció en Santa Cruz de Tenerife, que es donde reside habitualmente. Se dio a conocer como narrador en 2002, con el relato Interior con Reflejo, primer premio del concurso de relato breve de CajaCanarias. En 2006 publicó su primera novela Tú eres azul cobalto, mientras que su segunda novela es La ciudad de las miradas (2010).

sábado, 23 de abril de 2011

Generación 21. Nuevos novelistas canarios.lll

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE

Doce nuevos novelistas

La gestación de lo que he llamado Generación 21, esta nueva generación de novelistas canarios a los que en principio sólo une un espacio (Canarias) y un tiempo (finales del siglo XX y primera década del siglo XXI), pues no existe entre ellos una voluntad generacional sino esa apuesta por el desarrollo de la novela de género en Canarias, habría que situarla en la década de los años 90, con la publicación de las novelas Agua de arroz y flores (1992) de David Galloway, El humilladero (1994), de Víctor Álamo de la Rosa, y El Pasaje (1995), de Álvaro Marcos Arvelo. Estas dos últimas obras resultan ser emblemáticas novelas que coinciden en la creación de unos espacios míticos (a los que alude Sabas Martín en su ensayo) denominados Isla Menor (caso de Álamo de la Rosa) y Puerto Santo (caso de Arvelo) desarrollados después en ulteriores novelas. A partir de esta fecha y hasta el cambio de milenio, el célebre año 2000, sólo Víctor Álamo de la Rosa, el novelista canario de esta generación que mayor proyección nacional e internacional ha conquistado, mantuvo una continuidad editorial sólida, publicando otra novela, El año de la seca, en 1997. Esta obra, además, se ha convertido en una de las principales obras de la narrativa canaria última, como demuestran sus múltiples traducciones y ediciones y su inclusión en el volumen colectivo Doce novelas que se pueden leer (Ediciones Idea, 2006), donde los críticos Juan Pedro Castañeda, Juan José Delgado y Sabas Martín seleccionan las que a su juicio son algunas de las principales novelas canarias del siglo XX.

Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969) es, pues, uno de los narradores más importantes de la actual narrativa canaria, destacando desde la publicación de su primera obra narrativa, Las mareas brujas, un conjunto de relatos publicado en 1991. Como dijimos, su narrativa se caracteriza por la creación de un mundo propio mítico, la Isla Menor, inspirado en la isla de El Hierro. Tras El humilladero, su primera novela, ha publicado las novelas El año de la seca, prologada por José Saramago, Campiro que (2001), Terramores (2007) y La cueva de los leprosos (2010). Su interesante obra narrativa se completa con dos narraciones destinadas a público juvenil, El naufragio de los mapas y Omar el Cangrejo, publicadas en 1998 y 2004. La repercusión nacional e internacional y la cantidad y calidad de la narrativa de este autor tan vinculado a la isla de El Hierro nos llevan a considerarlo piedra angular de este nuevo resurgimiento de la narrativa canaria.

Otro de los principales narradores canarios es Anelio Rodríguez Concepción (Santa Cruz de La Palma, 1963), quien se ha centrado en los últimos años en la narrativa tras destacar también como poeta. Libros suyos de relatos son La Habana y otros cuentos (1990), Ocho relatos y un diálogo (1993), El perro y los demás (2004), El león de Mr. Sabas (2004), Relación de seres imprescindibles (1998), y la novela erótica La abuela de Caperucita (2008).

Álvaro Marcos Arvelo (Santa Cruz de Tenerife, 1965) es otro de los narradores más destacados de las últimas hornadas, aunque su producción es realmente lenta (quince años median entre su primera y su segunda novela). Autor de las novelas El Pasaje (1995) y Al sueño polar de golondrinas (2010), además de los libros de relatos El jardín de los durmientes (1996) y A veces comprendemos algo (2005), Álvaro Marcos Arvelo es, además de escritor, un importante gestor cultural y el responsable de las magníficas colecciones literarias de la entidad financiera CajaCanarias, donde se han publicado muchas obras cruciales de la literatura canaria contemporánea.

Por su parte, Víctor Conde, pseudónimo de Alfredo Moreno Santana, autor de una abundante literatura de género fantástico, nació en Santa Cruz de Tenerife en 1973 y es sobre todo reconocido y valorado por sus sagas espaciales, con las que ha obtenido varios premios nacionales de literatura de ciencia ficción y fantástica. Algunas de sus obras son Mystes (2004), El teatro secreto (2005), Crónicas del multiverso (2010), Heraldos de la luz (2010), Los relojes de Alestes (2010), El libro de las almas (2010), Naturaleza muerta (2009), El dragón estelar (2007), El tercer nombre del emperador (2002) y Piscis de Zhintra (2002).

Cristo Hernández Morales (La Laguna, 1968) es autor de las novelas Recuerdos Consentidos (2000), El Jardín de las Especies (2001), La mirada de Gioconda (2002) y Los Hermenautas y el Código de Apolo (2005). Por El Jardín de las Especies obtuvo el Premio de Novela Benito Pérez Armas en 1999. Sus libros de relatos son Envasados al vacío (2005) y Fragmentos dispersos (de) un mundo futuro (2005).

Javier Hernández Velázquez (Santa Cruz de Tenerife, 1968) es otro de los autores más interesantes de esta generación. Ha publicado las voluminosas novelas La identidad fragmentada (2007), Factotum (2005) y el libro de relatos Los días prometidos a la muerte (2010). Su novela Factotum refleja las luchas de poder y la corrupción institucional, mientras que La identidad fragmentada incide en los mitos y tradiciones aborígenes guanches, ambas obras resueltas en clave de moderno thriller y con las claves de la novela de género negro.

Generación 21. Nuevos novelistas canarios.ll

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE

Un poco de historia

En un interesante reportaje publicado el 30 de octubre de 2010 en el suplemento cultural El Perseguidor, del rotativo canario Diario de Avisos, realizado por Eduardo García Rojas, el periodista daba cuenta del hecho de la irrupción de unos nuevos novelistas canarios que “exploran sin complejos los territorios de la novela de género”. García Rojas cita, a nuestro juicio acertadamente, a los escritores David Galloway, Javier Hernández Velázquez, José Luis Correa, Anelio Rodríguez Concepción, Álvaro Marcos Arvelo, Víctor Álamo de la Rosa, Santiago Gil, Nicolás Melini, Pablo Martín Carbajal, Alexis Ravelo, Víctor Conde, Bruno Mesa y Carlos Cruz, cuyas fechas de nacimiento van desde 1960 (David Galloway) a 1977, (Carlos Cruz). Son, indudablemente, algunos de los principales protagonistas de este nuevo renacimiento de la narrativa canaria. A ellos, aunque no incluido en el reportaje citado de García Rojas, habría que sumar el nombre de Cristo Hernández Morales (La Laguna, 1968), mientras que en los casos de Bruno Mesa y Carlos Cruz habrá que esperar aún por sus futuras entregas novelísticas después de su prometedora puesta de largo con sus primeras novelas publicadas en la ya concluida primera década del siglo XXI.

Pero hagamos un poco de historia, porque no queremos decir, en ningún momento, que la narrativa canaria anterior haya vivido momentos de zozobra o atonía. Antes al contrario. Gracias a un nutrido grupo de novelistas, cuya producción literaria se mezcla y entrecruza en los últimos cincuenta años del siglo XX, podemos asegurar que la narrativa canaria ha gozado siempre de buena salud, contradiciendo el tópico antes mencionado de que Canarias es tierra sólo de poetas, como bien se encargan de demostrar los pioneros trabajos sobre la última narrativa canaria del siglo XX debidos a los críticos Sabas Martín y Juan José Delgado. Las últimas décadas del siglo XX, a partir, sobre todo, del fin de la dictadura franquista, constataron el vigor de muchos novelistas canarios. Desde las aportaciones canónicas de grandes clásicos de nuestras letras, como Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Alfonso García Ramos o José Rivero Vivas, al empeño de algunos narradores del 70 que han continuado hasta hoy manteniendo una gran producción narrativa, como Víctor Ramírez, Juan Cruz, Armas Marcelo, Fernando Delgado, Alberto Omar, Luis León Barreto y Juan Pedro Castañeda, pasando por nuestro más conocido best seller Alberto Vázquez Figueroa y escritores algo posteriores que sin embargo han contribuido también decisivamente a nuestra novelística, como son los casos de Emilio González Déniz, Juan José Delgado, Sabas Martín, José Carlos Cataño, Sinesio Domínguez Suria, Jesús Rodríguez Castellano, Domingo Luis Hernández, Quintín Alonso Méndez, Miguel Ángel Díaz Palarea y Antolín Dávila, principalmente.

En un interesante monográfico dedicado a la literatura canaria por la revista La Página en 2008, titulado ¿Bajo el volcán?, Sabas Martín vuelve a ocuparse de la última narrativa canaria, esta vez en un esclarecedor ensayo titulado Narrativa canaria de los 80 y su proyección al siglo XXI: ¿Qué hay de nuevo, viejo? En dicho ensayo, Sabas Martín apunta “tres notas generales que, según entiendo, aportan novedades en la narrativa canaria de los 80 y su proyección al siglo XXI”. Esas tres peculiaridades enumeradas por el crítico serían la proliferación del cuento, el incremento de la nómina de mujeres escritoras y la aparición de un género negro específicamente canario. Y tiene razón el ensayista, aunque en nuestra opinión insistimos en que lamentablemente la inmensa mayoría de los autores de cuentos en Canarias no escriben novela, y lo mismo ocurre con las mujeres escritoras, que, salvo rarísimas excepciones, no han desarrollado una obra novelística mínima, como demuestra el hecho de que entre los integrantes de las últimas generaciones no haya una sola joven novelista reseñable. En cuanto al último punto, la aparición de un género negro canario, tiene Sabas Martín toda la razón, como demuestran las obras de José Luis Correa, Alexis Ravelo, Antonio Lozano, Javier Hernández Velázquez o Jaime Mir, entre otros, pero, en nuestra opinión, seríamos más exactos si habláramos de la irrupción general de novelas de género, no sólo de novela negra o policíaca, como vemos por ejemplo en las propuestas narrativas de Víctor Conde y su ciencia ficción o literatura fantástica, plagada de voluminosas sagas pobladas de ángeles y demonios y odiseas espaciales y extraterrestres.

En el mismo ensayo, Sabas Martín establece algunas constantes narrativas, como la “continuidad de ese universo-isla, legado de la generación anterior, que se manifiesta en la creación de obras fundamentadas en una corriente mítico-histórica, con la creación de territorios míticos en que se resume la vivencia del pasado, la geografía y la condición existencial de la insularidad”. Los principales representantes de esta tendencia entre los últimos narradores son Álvaro Marcos Arvelo y Víctor Álamo de la Rosa. Asimismo indica el ensayista que además “es posible constatar una narrativa enmarcada en escenarios urbanos” y, finalmente, una línea narrativa que “da cabida a elementos y referentes de una cierta cultura pop, con sustento en ámbitos de lo audiovisual o del mundo del cómic”. Aunque completamente de acuerdo con Sabas Martín, quien deliberadamente no cita nombres en su ensayo, nos gustaría añadir, sin embargo, esa línea narrativa enmarcada en el realismo sucio, bien representada por autores como Jaime Centurión, J. Ramallo y Miguel Díaz Díaz, o la novela de marcado carácter erótico, casos de Anelio Rodríguez Concepción y Jesús Rodríguez Castellano con sus últimas entregas. La novela testimonial tiene en Ezequiel Pérez Plasencia y su obra El orden del día a uno de sus principales baluartes.

Una ojeada rápida a la narrativa canaria de los últimos años arrojaría una nómina amplísima, pero, por eso mismo, engañosa. Muchos de estos autores sólo han escrito una novela o se han dedicado sustancialmente al relato breve, mientras que nuestro propósito es colaborar en la necesaria labor de clarificación de este confuso panorama y, en pocas palabras, destacar a aquellos autores que nos parece que se han venido distinguiendo por una inquebrantable voluntad de narradores, esto es, de novelistas. En este sentido, es hora de destacar las aportaciones de esos autores cuyas fechas de nacimiento delimitan este trabajo, es decir, desde David Galloway (1960) a Víctor Conde (1973), pasando por Javier Hernández Velázquez, José Luis Correa, Cristo Hernández Morales, Anelio Rodríguez Concepción, Álvaro Marcos Arvelo, Víctor Álamo de la Rosa, Santiago Gil, Nicolás Melini, Pablo Martín Carbajal y Alexis Ravelo.

Antes, sin embargo, queremos citar (aunque sea mezclando autores de distintas generaciones en una nómina necesariamente incompleta) al menos los nombres de esos otros prometedores autores que han hecho interesantes entregas narrativas más o menos puntuales, y de los que esperamos, esperanzados, continuidad en el oficio narrativo y una decidida apuesta por la novela. Son los casos de María Teresa de Vega, Saro Díaz Monroy, Elena Morales, Alicia Llarena, Francisco León, Roberto A. Cabrera, Cristina R. Court, Orlando Alonso Suárez, Paula Nogales, Ana Criado, Moisés Cabello Alemán, Enrique Reyes, Bruno Mesa, Carlos Cruz, Inocencio Javier Hernández, Iván Cabrera Cartaya, Talía Luis Casado, Daniel Ortiz Peñate, José Manuel Brito, Eduardo Delgado Montelongo, Ignacio Gaspar, Juan Manuel Torres Vera, Marcelino Rodrigues Marichal, Ricardo Peytaví, Gabriel Cruz, Roberto Cabrera, José Fajardo Spínola, Juan Báez, Emilio Farrujia de la Rosa, Rosario Valcárcel, Julia Gil, Francisco J. Quevedo, Juan José Mendoza, Ernesto R. Abad, Fernando Pérez Rodríguez, Eduardo González Ascanio, Agustín Díaz Pacheco, Daniel Duque, Balbina Rivero, Andrés Servando Llopis, Mariano Gambín, María de los Ángeles Teixeira Cerviá, Elsa López, Cecilia Domínguez Luis y Ángel Sánchez (magnífica novela, por cierto, su Cuchillo criollo), entre muchos otros autores que no acaban de consolidar una obra narrativa pero que sin embargo han demostrado sobradas cualidades y grandes posibilidades en sus libros. Estamos seguros de que será cuestión de dar tiempo al tiempo, sobre todo en el caso de los más jóvenes. Sin embargo, recordemos, a modo de ejemplo y entresacando de esta amplia nómina, novelas significativas como Las brujas de la isla del viento, de Elsa López; El camarote de la memoria, de Agustín Díaz Pacheco o El viento en contra, de Cecilia Domínguez Luis. En este sentido, además, son muy prometedores los debuts novelísticos de autores más jóvenes, como Bruno Mesa (Santa Cruz de Tenerife, 1975), con la novela El hombre encuadernado; Iván Morales Torres (Santa Cruz de Tenerife, 1986) con la novela Oikia (dualidad) y Carlos Cruz (Los Realejos, 1977), con H.

viernes, 22 de abril de 2011

Generación 21. Nuevos novelistas canarios.

PRESENTACION EL 29 DE ABRIL

A LAS 7 DE LA TARDE

INTRODUCCIÓN por Ánghel Morales

En 2010 se cumplieron cuarenta años desde que la historia de la literatura canaria registrara el último hito de nuestra narrativa, la llamada Generación del 70 o boom de la narrativa canaria. Aquel importante fenómeno significó indudablemente un despertar de la narrativa de Canarias, una especie de gran patada a ese tópico que todavía se escucha a veces y que refiere que Canarias es tierra casi exclusivamente de poetas. Mi labor como editor me ha llevado, sin embargo, a interesarme por desenmascarar esa falacia y, una vez en ese camino, a constatar no sólo que es por supuesto verdaderamente vigorosa nuestra tradición poética, sino que en la narrativa canaria, a partir de la década de los años 90 del pasado siglo XX, empieza a fraguarse una nueva generación de escritores que, al calor del cambio de milenio, acabaron por llevar nuestra narrativa a nuevos territorios de madurez, con la consolidación, sobre todo, de una oferta narrativa que se adentra sin complejos y con contundencia en la mejor novela de género. Cumplida la primera década del siglo XXI, podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestra literatura ha consolidado una novísima (y potente) generación de novelistas que, sólo para ubicarnos, llamaré Generación 21, precisamente por situar su brillante eclosión en la primera década del siglo XXI.

Salvo escasísimas excepciones y según mi parecer, la narrativa de Canarias no había registrado hasta hoy una amplia nómina de novelistas que abordaran con talento, atrevimiento y continuidad la novela de género, esto es, la novela negra o policíaca, la novela histórica, la novela erótica, la novela de ciencia ficción o fantástica y la novela-mundo, la que funda universos míticos de creación propia. Además, la novela urbana, la novela adscrita a un particular realismo sucio canario y la novela testimonial y social cobran también renovados bríos gracias a estos escritores, alejados del experimentalismo y de cierta novela lírica que presidió algunas de las principales aportaciones de los narradores canarios de la Generación del 70.

En esta antología he querido apostar por reunir las voces de estos nuevos novelistas, protagonistas de este fenómeno, aunque lo que ofrezcan estas páginas al lector sean relatos cortos. Resulta obvio decir que es inviable publicar una antología de novelas. Y explico esto porque no es mi intención con este trabajo antologar escritores de relatos breves, sino antologar narradores, esto es, autores de narrativa, entendiendo por narradores aquellos autores que han sido capaces de dar continuidad a una obra de carácter narrativo y explícitamente novelístico. En un interesante ensayo recogido en su libro Ínsula de Babel (Ediciones Idea, 2007), titulado Inventario provisional o Canarias, ¿tierra sólo de poetas?: Aproximación a la narrativa canaria actual, Sabas Martín deja muy claro, tras exponer una larga lista de autores, que “hablamos de autores de cuentos y no todos los autores de cuentos son, además, novelistas”, añadiendo, más adelante, que muchos de los autores citados en su trabajo “no han manifestado continuidad. Una novela sola no hace al novelista”. Suscribimos plenamente estas palabras y las hacemos propósito y bandera de este libro, pues, sin menoscabo del relato breve, queremos destacar aquellas figuras de nuestra narrativa que han abordado con éxito el relato extenso, la novela, fijando como coordenada principal las fechas de nacimiento de los autores seleccionados, entre los años 1960 y 1973.

jueves, 21 de abril de 2011

DESPIDOS EN EL SINDICATO UGT DE CANARIAS

PROPUESTA ERE TEMPORAL


Teniendo en cuenta las premisas expuestas para iniciar el proceso del ERE Temporal, se desarrolla borrador de propuesta para la valoración de tener resueltas cuestiones como: Extinciones por jubilación, extinciones voluntarias o bajas incentivadas.

Una vez estas cuestiones resueltas o descartadas, el personal accederá a rotación del ERE a razón de un máximo de 180 días cada uno a fin de no disminuir los derechos individuales que disponen.

La previsión parece requerir la utilización del plazo máximo legal de extensión de un ERE Temporal. Se realizará un mínimo de dos periodos para distribuir y compensar en el conjunto de trabajadores el número de horas de acceso al ERE y la carga de trabajo que soporten (Ejem.- Si un trabajador/a tiene cinco horas de reducción en uno de los periodos frente a otro que está a quince, en el siguiente periodo se reinviertan los números). Si no fuese posibles pues se efectuarían las suspensiones a razón de jornadas completas de trabajadores en rotación,.

Los turnos de trabajo, según adopción tomada de suspensión parcial, total o mixta, supondrían:

Ø Sobre parcial: Distribución irregular mediante acumulación de horas en jornadas completas y elaboración de cuadrantes mensuales de trabajo para la distribución de las jornadas no efectivas de forma acumulativa en periodos consecutivos.

Ø Sobre total: Distribución de tareas, servicios, puestos y demás necesidades a cubrir por el personal en alta efectiva.

Sobre las horas de acceso a la suspensión, la Organización asumiría el 100% de compensación, vinculado a la implicación del trabajador/a en los procesos formativos y demás requeridos para la implantación y desarrollo de medidas para ejecutar el plan de viabilidad previsto. En caso de que algún trabajador no estuviera dispuesto a entrar en los procesos formativos la Organización no asumirá el 100% de la compensación.

El personal desarrollará un número (X) de horas formativas a cuenta de esta acción, señalándose número de horas y periodicidad así como necesidades formativas, una vez se ejecuten la distribución. Las modalidades formativas las y sus materias serán determinadas por la organización, previa consulta no vinculante de la Representación legal de los trabajadores.

Dicha formación sería facilitada por la Organización y no serían a cuenta de los créditos de formación continua, los cuales serían derivados al personal que no puede entrar dentro del ERE Temporal (el cálculo de créditos de los que disponemos indica que en torno a unos 6.000 euros que a su vez se reinvierten en los descuentos de dicho importe en TC una vez usados).

El resto de formación, bien definida y claramente derivada al personal para facilitar las tareas que permitan alcanzar el objetivo de estabilidad de la plantilla dentro del plazo que se dispone a través del ERE. Todo esto tiene que definirse en el planteamiento definitivo que se pueda desarrollar, así como la necesidad de modificación de formación si en las revisiones del plan que se lleven a cabo periódicamente. De cualquier modo en el planteamiento de la formación cabe modificación si se observa la necesidad, que pueda ser motivada por estos indicadores caída de las cuotas, caídas de los ingresos, nuevas materias que deba afrontar la Organización por las directrices confederales, cualquier imprevisto no contemplado en este documento.

A modo orientativo, sobre la posibilidad de trabajos a desarrollar durante el periodo de ERE y teniendo en cuenta las regulaciones que materia de polivalencia y funciones señaladas en Convenio, se debe marcar las previsiones exactas y las vías para alcanzarlas. Actualmente y con los números dados, indicar que para el sostenimiento de la plantilla una vez finalizase el ERE, debería incrementarse en torno a un 50% la afiliación, un dato que marca unos objetivos muy fuertes aunque si con motivo de la puesta en funcionamiento del ACE podemos prever quizás un incremento de un 10%, ya supone una merma en la previsión inicial, siendo revisable por múltiples cuestiones como la curva de ingresos que se pueda generar en los servicios jurídicos, los resultados de representación, etc..., que impliquen un incremento sustancial que permita o viabilice asumir parte de las cargas salariales.

Para todo lo anterior tener en cuenta que la acción sindical digamos que “directa” las desarrollan las Federaciones, pero también considerar que (sobre todo en términos de globalidad) que gran parte de la acción sindical indirecta que permite o facilita la labor de las Federaciones, debe o puede estar desarrollada por UGT Canarias, por ser quien facilita muchos o gran parte de los servicios profesionalizados y quien sustenta o controla prácticamente el 70/90% de la imagen externa de la organización en Canarias ( el otro tanto por ciento supone la acción directa sobre determinados colectivos que ejercen las Federaciones, en comparativa a la generalidad de la UGT Canarias) y por tanto es el Organismo motor para cambios o mantenimiento de resultados así como, gracias a esa interactuación, es quien aporta una cuota importante en (por supuesto que no la única) capacidad de intervención en la obtención de resultados.

La idea general es que toda la plantilla entre, en una u otra fórmula bien determinada y definida, a colaborar en los procesos de elecciones sindicales para centrarnos en un pilar básico que repercute en dar capacidad al resto de los ámbitos de actuación del sindicato, tanto colectivos de representación como individuales de repercusión en los datos de afiliación.

Otra cuestión, repetimos que orientativa, podría ser la comunicación e imagen, fundamentalmente para facilitar el acceso a resultados óptimos de representatividad, afiliación y todo en general, puesto que sería un área a reforzar necesariamente.

En estas materias básicamente pueden estar implicados todos durante el proceso ya que abarca posibilidades prácticamente infinitas que requiere de la presencia de personal asalariado que lo desarrolle y, cuestión clara, de que se regule y ponga en marcha también el Dpto. de RRHH que permita caminar en esta línea.

El seguimiento del ERE puede tener una doble vertiente una vez resuelta la adaptación al condicionamiento económico que lo provoca y sería la comisión de trabajo que se debe generar par a la obtención de objetivos finales y cuya labor sería más periódica (adicional o no a RRHH) y la otra directamente relacionada con la parte numérica (datos económicos y resultados/evolución) que debería reunirse máxime de forma trimestral para verificar el estado de los datos y reorganizar los planteamientos remitiendo informe (por ejemplo) a la comisión de trabajo que les permita priorizar incremento de los datos precarios, modificar estrategias, reforzar áreas, reorganizar datos de objetivos, etc... Siempre atendiendo a los límites funcionales y laborales del ERE.

Esta clara que esta última comisión también revisará todo lo contemplado en el Plan de viabilidad en cuanto a las materias económicas, de una parte y de otra.

Este informe sería meramente informativo y básico, atendiendo a algunos de los principios en los que se puede trabajar a fin no sólo de paliar el delicado momento en el que estamos sino de permitir un margen de temporalidad para permitir que a la finalización del ERE se pueda asumir el costo del personal.

Una vez ejecutada las extinciones que se determinen en un número nunca inferior a 10 trabajadores/as, la comisión valorará la solvencia y viabilidad económica de la organización al finalizar el ERE de suspensión. de persistir la situación aunque evidentemente sea de menor grado se estudiará a la finalización del ere la ejecución de nuevas extinciones necesarias o en su caso lo que se acuerde en la comisión. Siempre velando por la viabilidad económica de la Organización, con el objetivo de que los ingresos por afiliación sean lo suficientemente solventes para cubrir la totalidad de los costes del personal. Esta es la premisa estatuaria, y ha de ser la doctrina desde este momento, asumiendo la Organización la responsabilidad de cumplir esta directriz.