miércoles, 12 de abril de 2023

EL ‘GUERNICA’ O LA PUNTA DEL ICEBERG

 

EL ‘GUERNICA’ O LA PUNTA DEL ICEBERG

CARMELA NEGRETE

Son muchos los artículos que se publican estos días con motivo del 50º aniversario del fallecimiento del pintor malagueño más universal y conocido, Pablo Picasso. También en Alemania. En todas esas informaciones se hace referencia a una de sus obras más famosas: el ‘Guernica’. El cuadro representa el dolor de la guerra durante la “Guerra de España” o Spanienkrieg, término alternativo que usan varios historiadores alemanes para hacer hincapié en el carácter de guerra de intervención por encima de la idea de guerra tan solo civil. Encargado por la República para la Exposición Mundial de París de 1937, el ‘Guernica’ ha pasado a ser la única imagen para muchos alemanes de la participación de la Alemania de Hitler en el golpe de Estado de Franco.

 

“Por primera vez en la historia se produce un bombardeo de civiles desde el aire sin previo aviso”, asegura un documental de la cadena francoalemana Arte con el título Picasso sin leyendas al hablar del cuadro. Esta afirmación no es cierta. Se bombardeó desde el principio de la guerra a la población. Por ejemplo en Nerva, Huelva, donde las bombas cayeron un mes después de comenzar la guerra, como cuenta el historiador Miguel Ángel Collado Aguilar en el artículo “El terror aéreo sobre la Cuenca Minera de Riotinto del 20 al 26 de agosto de 1936”. En ese lugar, como en muchos otros de la geografía española, se produjeron bombardeos cuya atribución es difícil de concretar debido a la pérdida del archivo de la Legión Cóndor durante la Segunda Guerra Mundial y también a la falta de estudios concretos. La República contaba con muy pocos aviones. La Aviazione Legionaria italiana también había bombardeado Durango un mes antes del ataque a Gernika.

 

El ‘Guernica’ ha pasado a ser la única imagen para muchos alemanes de la participación de la Alemania de Hitler en el golpe de Estado de Franco

 

El diario Süddeutsche Zeitung se refiere al ensalzamiento del pintor “de las víctimas civiles del ataque aéreo ordenado por el general Franco a la Legión Cóndor alemana en la ciudad norteña”, en la que, recordemos, fallecieron unas dos mil personas el 26 de abril de 1937. Nótese la entonación en la responsabilidad del dictador español. La idea que se da, de que Alemania intervino en España a petición del propio país, es también errónea, ya que el gobierno de la República era el único gobierno democráticamente elegido. El semanario Die Zeit escribe que “Picasso ha pasado de moda” y no menciona ni siquiera la Legión Cóndor, que bombardeó la ciudad vasca que da nombre al cuadro, sino que solo habla de “su enorme lienzo pacifista” de pasada, y así se quita de líos.

 

No fue hasta 1997, ni tampoco por casualidad, que el Parlamento alemán y el por entonces presidente Roman Herzog pidieron oficialmente disculpas a la ciudad vizcaína de Gernika, exactamente sesenta años después de la matanza. La ciudad vasca y los familiares de las víctimas habían reclamado el gesto. Alemania, por su parte, pensó que con eso ya estaría: “El hecho de que el interés político se haya focalizado en Gernika, por el propio alcance de Picasso, tampoco es casual, ya que actúa como bomba de humo para bloquear la posibilidad de un debate público sobre la responsabilidad de Alemania en la destrucción del régimen democrático republicano y sobre el alcance de su intervención ilegítima en España”, explica a CTXT el profesor de historia de la Universidad Autónoma de Barcelona David Alegre Lorenz.

 

El hecho de que el interés político se haya focalizado en Gernika actúa como bomba de humo

 

La Legión Cóndor llegaba en agosto de 1936 a España formada por “alemanes voluntarios” y debían “ayudar militarmente al general golpista Francisco Franco en la lucha contra la República Española”, explica la web del Museo Vivo en Línea, (LeMO), un proyecto conjunto del Museo de Historia Alemana, la Fundación Casa de la Historia y el Archivo Federal de Alemania. “A través de rotaciones de los contingentes participaron en la operación militar española alrededor de 20.000 soldados de la Wehrmacht”, puede leerse en dicha web. El Museo recuerda que los dictadores Adolf Hitler y Benito Mussolini “justificaron la intervención con su resolución en la ‘lucha contra el bolchevismo’”, así como para “probar nuevos sistemas de armamento, en especial de la Luftwaffe (ejército del aire alemán)”. Aquellos “victoriosos soldados de la legión tras la derrota humillante de 1918 eran un ejemplo para los jóvenes”, explica. Para los propios soldados la guerra tenía “un carácter aventurero”.

 

Si bien en la descripción completa del texto no hay errores de bulto (aunque llama la atención que en otro artículo titulado “Las relaciones alemano-españolas entre 1936 y 1945” se dice que el número de alemanes enviados era tan solo la mitad, 10.000), faltan datos sobre las víctimas, los objetivos concretos de los bombardeos y, lo más importante, sobre lo que supuso dicha intervención para el devenir de la guerra. Además, la web explica que la dictadura franquista enviaba materias primas a Alemania, sin mencionar que éstas eran el pago –léase saqueo– por el apoyo militar anterior. El diccionario, obviamente, no es una publicación especializada en este asunto, pero su descripción dice mucho de cómo se concibe en Alemania la intromisión en el conflicto civil español.

 

El Museo rectificó su biografía de Francisco Franco el pasado febrero tras una petición de la autora de este artículo. En la versión anterior, que estaba ilustrada con la foto que sigue online, con un Franco engalanado, de una postal precisamente dedicada a la Legión Cóndor, no se mencionaba ni siquiera que fue un dictador. “Político y militar”, decía el título. En dicha biografía no se hablaba de las víctimas de la dictadura, ni de la existencia de campos de concentración, ni de la persecución de la disidencia, ni de las ejecuciones, ni de los bebés robados, ni del trabajo forzado. La respuesta del Museo a la misiva destacaba que “como portal en línea en idioma alemán, LeMO se ocupa principalmente de la historia alemana y ello también en relación con otros países”, y explicaba que la Guerra Civil española y las relaciones hispanogermanas durante el Nacionalsocialismo se detallan en otros artículos. Y se disculpaba ante el hecho de que “es desafortunado que, aparentemente, no hayamos logrado aquí hacer comprensible el carácter del gobierno de Franco como una dictadura y nos gustaría mejorarlo en una revisión”. Un lapsus, vamos. Eso sí, han cumplido incluyendo al menos algunos aspectos después de la presión.

 

“Ningún gobierno español ha manifestado la voluntad de reclamar a sus homólogos alemanes un reconocimiento de los crímenes de lesa humanidad”

 

“La reparación casi siempre ha venido precedida por la presión diplomático-política del país agredido y por tanto a reparar sobre Alemania”, explica Alegre Lorenz, que es experto en estudios de la guerra y los fascismos. “Ningún gobierno español ha manifestado nunca una clara voluntad de reclamar a sus homólogos alemanes un reconocimiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos por ciudadanos alemanes en territorio español”, añade. En los años 70 habría ido en contra del talante del propio régimen franquista, explica, el cual “fue posible solo gracias a ese apoyo exterior italogermano, borrado de la historia una vez que las potencias del Eje son derrotadas en la Segunda Guerra Mundial”.

 

Ello hizo de la Guerra Civil, según el historiador, “en primer lugar, la victoria de los elementos supuestamente sanos de la sociedad española y, en segundo lugar, de la civilización occidental, en una suerte de cruzada contra el bolchevismo”. La Transición a la democracia llevó, según él, a que se instaurase un discurso de “todos fuimos culpables” que venía del propio franquismo y que “buscaba diluir la responsabilidad de los golpistas por lo ocurrido en España en el marco de la agresión contra un estado legalmente constituido”.

 

En ese mismo sentido se expresa el investigador de la Universidade de Lisboa Antonio Muñoz Sánchez: “La Legión Cóndor es el vacío por excelencia”, asegura. “Solo los vascos, y no el gobierno central, fueron quienes impulsaron ya desde la Transición la iniciativa de presionar a Alemania para que reconociera el crimen de Gernika”, explica a CTXT. “Y Alemania lo hizo, y lo hizo bien.” Pero no fue más allá: “Con ello, digamos que ya se da por contenta, ya cubre el cupo de reconocimiento de sus crímenes en España.” Muñoz Sánchez, que ha investigado la historia de los trabajadores forzados españoles en Alemania y su lucha por las indemnizaciones, explica que el país “nunca más recibió presión de ninguna otra región, ni desde el gobierno central para purgar esa culpa, para que Alemania impulsara exposiciones, estudios o indemnizaciones por los crímenes de la Legión Cóndor en España”.

 

¿Cómo casa ésto con la idea de que Alemania sea el país que, a menudo, se pone como ejemplo de buenas prácticas en cuanto a memoria histórica? En el estudio de la Legión Cóndor hay honrosas excepciones, como la directora del Centro para la Investigación del Antisemitismo de la Universidad Técnica de Berlín, Stephanie Schüler-Springorum, que aseguraba en unas jornadas celebradas en Berlín en 2021 que en la República Federal “no se entiende hasta hoy mismo que su responsabilidad por el dolor español va mucho más allá que el caso de Gernika”. En efecto, el tema no interesa a la opinión pública ni a la prensa.

 

Ni siquiera noticias de cierto alcance en España salen en los medios alemanes. El estudio del profesor Xavier Irujo, el Atlas de los bombardeos en Euskadi desde 1936 al 37, no ha interesado. El documental de 2018 Experimento Stuka, que fue debatido en España, pasó sin pena ni gloria en Alemania. Pocos conocen en Alemania que la Legión Cóndor llegó a bombardear caravanas de refugiados, como lo sucedido en la ‘Desbandá’ entre Málaga y Almería entre el 6 y el 8 de febrero de 1937, asesinando a más de 3.000 personas.

 

“Los alemanes están muy orgullosos de lo bien que han trabajado su oscuro pasado”, explica Muñoz Sánchez, que presentó en 2021 en Berlín una exposición sobre el trabajo forzado de los Rotspanier, como llamaba el nazismo a los republicanos españoles y que puede visitarse estos días en Frankfurt. “Y realmente impresiona la infraestructura tremenda de museos, exposiciones, monumentos, así como la presencia constante de los crímenes nazis en televisión, en la radio, en los periódicos”, recalca. “El sentido de responsabilidad histórica de la Alemania posrreunificación es profundo y sincero, y eso es verdaderamente ejemplar.”

 

Sin embargo, también recuerda que “llegar hasta aquí ha sido un viaje muy largo, tortuoso y nada neutral”. Para el experto, “la Alemania oficial, sus instituciones, ha avanzado en la construcción de su memoria democrática desde los 80 a golpe de protestas, de críticas y del impacto de películas en la opinión pública”. Es lo que cuenta en su artículo “La lucha de los antiguos trabajadores forzados españoles del III Reich por ser reconocidos como víctimas del nazismo (1956-1972)”.

 

En esa historia de ausencias, además, hubo capítulos vergonzosos, como las jubilaciones que recibieron los “héroes” que bombardearon a los españoles, mientras a los combatientes de las Brigadas Internacionales no se les concedió pensiones hasta los años 70. También los soldados de la División Azul recibieron pensiones alemanas, mientras a las víctimas españolas del nazismo se las negaron y tuvieron que ir a juicio. La admiración por los criminales golpistas alemanes continuó dentro del propio ejército alemán hasta 1998 de forma oficial, hasta que el Bundestag decidió que era hora de dejar de adorar al piloto Werner Mölders. Sin embargo, la autora de este artículo presenció en 2015 una ceremonia en su honor en el cementerio alemán en que está enterrado en Berlín, a la que asistió al menos un oficial del ejército. Un cuartel tenía por entonces un monolito en su honor y otro publicaba una revista con su nombre.

 

“Existe cierta tendencia a la idealización respecto a la supuesta capacidad de Alemania para abordar su pasado traumático”

 

“Las políticas de reparación alemanas tuvieron un contexto muy concreto, que fue el de los últimos treinta años del siglo XX, inaugurados con la Genuflexión de Varsovia y la llamada Ostpolitik de Willy Brandt”, explica Alegre Lorenz. “Escoger qué reparar y qué reconocer por parte de las autoridades públicas de un estado tiene mucho que ver con el tipo de imagen que queremos proyectar del país en el mundo”, asegura. La República Federal habría asumido culpas en aquellos casos más visibles a nivel mediático. “España nunca ha sido muy importante en esta agenda política, sobre todo por el desinterés de los sucesivos gobiernos democráticos a escapar de las narrativas elaboradas al final de la dictadura”. El historiador cree que “existe cierta tendencia a la idealización respecto a la supuesta capacidad de Alemania como estado y de los alemanes como sociedad para abordar su pasado traumático con responsabilidad”.

 

De hecho, como recuerda Muñoz Sánchez, “la ley de indemnización a las víctimas del nazismo de los años 50 carecía de una voluntad profunda y sincera de resarcir a las víctimas y a las familias, sino que trataba sobre todo de crear una buena imagen externa de la República Federal”. Muchas víctimas lo pasaron mal para ser resarcidas, explica. “Un ejemplo fueron los trabajadores forzados españoles, que tuvieron que ir a juicio porque Alemania se negaba totalmente a indemnizarlos”. Y reflexiona que Alemania se atrevió a tratarlos así porque sabía que Franco no protestaría. “Incluso cuando ganaron, no obtuvieron ningún reconocimiento simbólico, y eso pese a que fueron los primeros trabajadores forzados del III Reich en ser reconocidos formalmente como víctimas del nazismo”. Cuando en los años noventa Alemania “descubrió” a los trabajadores forzados del Reich, en parte gracias a películas como La Lista de Schindler y la crítica pública consecuente, se vio obligada a pagar indemnizaciones millonarias a polacos, ucranianos o rusos: “Ya nadie recordaba que treinta años antes los españoles habían logrado también ser indemnizados”, recalca Muñoz Sánchez.

 

Alegre Lorenz deja un importante apunte: “Creo que la sociedad alemana no solo puede estar empezando a ser indiferente a los crímenes que se cometieron en nombre de su país, sino que, dentro de cierto discurso ultra, que existe en todos los países, se tiende a destacar los sufrimientos por los que pasaron los propios alemanes en la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, con expulsiones y huidas masivas, bombardeos indiscriminados contra la población civil, violaciones y asesinatos”. En el caso de la Legión Cóndor, “fue entendida y consumida durante años del modo en que lo explicaron sus protagonistas: como una simpática aventura”. Para Muñoz Sánchez, “Alemania se enorgullece de su memoria democrática, la vende a toda Europa como ejemplar, mira por encima del hombro a España, se escandaliza por las cruces franquistas, por las fosas sin abrir, por la ausencia, en fin, de una memoria democrática en España... Pero la intervención alemana en la Guerra Civil, de eso casi no se acuerdan.”

 

En junio del año pasado, el gobierno de Asturias a iniciativa de Podemos pidió a Alemania información sobre las actuaciones de la Legión Cóndor en dicha región. La Oficina Central de las Administraciones Regionales de Justicia para el Esclarecimiento de los Crímenes Nacionalsocialistas en la localidad de Ludwigsburg contestó que no hay investigación al respecto, ya que no actúa de oficio. Mientras no exista una reclamación oficial no la habrá tampoco.

 

Es posible que Alemania no fomente el estudio de su intromisión ilegal en la Guerra Civil española porque ya tiene varios frentes abiertos en cuanto a memoria histórica se refiere. El gobierno de Polonia reclama a Alemania nada menos que 1,3 billones de euros como reparaciones de guerra. Aunque no se le da mucha publicidad, también Italia y Grecia reclaman todavía el pago de compensaciones por los crímenes cometidos en dichos países por el nazismo. En el caso español, ni siquiera se han disculpado por contribuir de forma decisiva a acabar con una de las primeras democracias de Europa.

 

“España construyó una democracia sin memoria de la Guerra Civil y el franquismo”, recuerda Muñoz Sánchez. “Por eso no reclamó nunca responsabilidades a Alemania, nunca animó siquiera a Bonn y luego a Berlín a impulsar iniciativas conjuntas como una simple exposición sobre el desgraciado pasado común de sus fascismos”. Precisamente es eso lo que ocurre en el caso de la avenida de Berlín dedicada hasta hoy mismo a la criminal Legión Cóndor, la llamada Spanische Allee. El historiador explica que en junio de 1939, “miles de soldados de la Legión Cóndor recién llegados de España desfilaron bajo la Puerta de Brandenburgo y por el bulevar Unter den Linden ante el Führer”. La fiesta, que exaltaba el apoyo alemán a la derrota del “bolchevismo” fue glorificada por el Ayuntamiento de Berlín renombrando la calle como Spanische Allee (‘avenida Española’).

 

El investigador español afincado en Berlín y activista de Izquierda Unida y de Die Linke Jaime Martínez Porro ha intentado desde 2019 que se cambie el nombre de la avenida sin éxito. La solución hasta ahora es la metáfora viva de la problemática que trata de explicar este artículo: la avenida se queda con el nombre que se le dio en la parada militar en honor a los criminales de guerra de la Legión Cóndor, que habían asesinado a miles de españoles y contribuyeron a acabar con la democracia, mientras que la plazoleta adyacente se llama ahora plaza de Gernika.

No hay comentarios:

Publicar un comentario