EL FRÍO EN LA DIÁSPORA
ILKA OLIVA CORADO
Campestre siempre ha querido comprarse unas botas de invierno, pero su economía es tan precaria a pesar de sus tres trabajos. Se las imagina, se ve con sus botas puestas cubriendo sus pies de las temperaturas bajo cero. La ropa de invierno es cara y las botas mucho más, tener ropa de invierno es una opulencia para un migrante indocumentado como Campestre, de 76 años, sin derechos laborales.
Quisiera una
chumpa[1] y unos guantes enguatados, también un pantalón,
la ropa que usa para trabajar no lo ayuda con el frío, es la misma ropa de
verano. Entonces se pone dos pantalones, dos camisas y dos chumpas, dos pares
de calcetines y los zapatos más gruesos que tenga así no le traspasa tanto el
frío c
uando anda limpiando el estacionamiento del centro comercial en las
mañanas.






