martes, 23 de agosto de 2022

EL DIENTE DE ORO (DEL VIVIR SABROSO)


EL DIENTE DE ORO (DEL VIVIR SABROSO)

MAITÉ CAMPILLO.

Culto no es aquel que lee más libros. Culto es aquel que es capaz de escuchar al otro: Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano. Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados. Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria. Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

 El diente roto Tras la inagotable fuente de enseñanza, reflexión y propuesta legada en síntesis prodigiosa de historia y metáfora entre dichos populares y mitología, periodismo de investigación y literatura sin hacer ficción, donde Indoamérica recobra voz sin prostituir la palabra, su dignidad, y al paso del escritor uruguayo, paso al cuento corto muy corto de cómo una mentira, la habían transformado en verdad, cuyo título de la obra enlaza con el primer ‘Ojalá’ de E. Galeano. Cuento contundente de apariencia sencilla que encarna de forma profunda la realidad política actual, en marco de los medios oficiosos, que presumen con cierta pedantería como: de la información. Se trata d` El diente roto, obra del periodista, y escritor venezolano, Pedro Emilio Coll.

 

1 Texto en esencia literaria que desnuda en cuatro líneas la trama, al hilo de la manipulación que va tejiéndose entre los parientes del ‘inocente’, amigos y pueblo en general que ejercen como en una obra maestra de periodistas, mostrando de la forma más sencilla el cómo se propaga, deforma y vocifera un hecho que una ‘autoridad científica’ (el médico) había diagnosticado como verdad indiscutible, y cómo de un lelo, como dice el maestro, habían convertido en un sabio, en un líder de masas como hicieran de Hitler, los no menos ‘científicos’ empresarios. Así de simple y elemental como el ejemplo de la transformación del agua en vino, o de cómo los peces corren por el monte y las liebres nadan en el mar, de cómo el pueblo ruso es malo muy malo malísimo por no entregar Rusia y su gobierno a la Casa Blanca, así como del amor del ejército ucraniano a su presidente y a las democracias de la OTAN, los transforma, en angelitos negros víctimas de las angelicales acuarelas, por el contrario, el pueblo cubano del lado del 26 de julio está petrificado al aislamiento y bloqueo según el ejemplo del soy cantor soy embustero pitiyanqui Antonio Abad Lugo (Machín) y, hasta el maestro, del cuento del venezolano que sabe la verdad se pliega al ‘humor’ del rumor de las mentiras, de los súbitos comunicadores de masas cuyo texto completo comienza como una aventura de niños traviesos que aburriéndose de la paz infinita, del bien absoluto, pasan a dar cuerpo a la trifulca adornando calles y encuentros al más puro corte camorrista, dando así luz a la edad de oro de un lelo llegado a las estrellas, ensalzado por los poderes subterráneos nocturnos de las firmas de la necesidad de un cambio, que eternice la siesta de las ganancias parásitas de órganos y organismos vegetales, que en él influyen, como mástil de gran vidorra a costa de la explotación de la mayorías. Un cambio, sin cambio, que de luz al tablado montado como milagro utilizado sobre guía de la trama la ignorancia de un pueblo, que también se aburría sin preocuparle los motivos del por qué. Así fue pues cómo el maestro, periodista y escritor, forjó en su cuento para la eternidad la síntesis, la historia y la moraleja previsora de nuestros días: A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña. Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo. Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación. Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar. El niño no está bien, Pablo -decía la madre al marido-, hay que llamar al médico. Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad. Señora -terminó por decir el sabio después de un largo examen- la santidad de mi profesión me impone el deber de 2 declarar a usted… ¿Qué, señor doctor de mi alma? -interrumpió la angustiada madre-. Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible -continuó con voz misteriosa- es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez. En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar. Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del “niño prodigio”, y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison… etcétera. Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar. Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y “profundo”, y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar. Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua. Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar. Tras la metáfora a forma de cuento corto de gran actualidad en la segunda mitad del siglo veinte, hoy por igual aligera vigente su esperpento en mensaje y contenido. El diente de oro, en pleno siglo veintiuno, nos aporta y acerca una ciencia en política mediocre revestida en el más puro grotesco carnaval a las ordenes del pensamiento único. Una vez más, por segunda vez, los borbones padre emérito e hijo rey, en Santiago de Chile uno y el otro en Colombia, evidencian la patente saga en pie de elefante y fugas de capital bajo el manto inmune, incluido a sus allegados ayer urdagarines de especulación hoy en órdenes no inferiores de contenido cuando en convivencia real la reina paraliza el tráfico para socorrer a viandas al séquito de las democracias del “Yankee go home”, en toma y daca cochinillo y gran reserva en desparpajo sin multa ni desagravio al amo absoluto en dama, sota y bastos en evolución de aplausos a favor del proceso democrático social apadrinado de la misma atención feudal de siempre. Una vez más, en espejo al mundo, los borbones rigiendo el mismo mandato que siglos atrás, tropezado cual diente de oro sobre la misma piedra en resuello de las españas que antaño pretendieron lucir poderosas por el mundo como una propiedad más, emponzoñando aún más el lodo de la historia enfurruscados como siempre bajo el dominio de la oligarquía bancaria del gringo con 3 su Europa y sus vasallos, sobre la tempestad impuesta ahogada desde el hoy por tumultos inabarcables de colonias en corazones descontentos, sobre uno de los sables representantes internacionales en nombre de una incivilizada civilización, preñada de matanzas tropicales que nada tuvieron que envidiar al mayor de los genocidas yanquis ni piratas mas espeluznantes especuladores y pendencieros, de la Europa a la chepa del impostor, que se expandió puerta fuera y dentro imponiendo cruzadas en el caso del E. español, comuniones y bautizos de igual manera como si de una bendición se tratara, mientras el sable siguió pendiendo del hilo del exterminio sobre una paz invisible forrada de impunidad, fulminado toda realidad histórica en libros de texto, en remate de películas del yanqui feroz el abanico de plumas sobre el mismo punto de mira de un fantasioso superfluo Superman en marco de las alianzas al adorno del hombre de los anillos como piedra filosofal, de una ciencia circense arrastras durante décadas de un poder absoluto en campaña a la búsqueda de lelos y traidólares candidatos dientes de oro y tigres de papel que gobiernan bajo sus ordenes. Posiblemente la invitación a un Borbón (Rey), una vez más obedece al desconocimiento, posiblemente, pese a ello el resultado es el mismo que si obedeciera a una invitación claramente consciente, que posiblemente lo fue, vínculo de la política ética de reconciliación contra “la exclusión social” vaya pasar como a Rusia que todas las democracias, como en Eje del nazismo, la cruzada satánica no sabe ya que inventar para poder exterminar su origen más elemental como sucedió con Iraq, o como impulso repentino de galantería internacional en importancia histórica a la anunciación de una nueva era de gobierno, cuyo gesto de desprecio, poco aporta hacia un país que te invita públicamente como hiciera su padre cuando cortó el discurso en La Cumbre de Santiago, al presidente Chávez, elevando la voz en gritó sin respeto alguno, más por ignorancia que por culto, y más por inculto, que por dignidad alguna: <>. Presuntuosa la orden, castrense, el callar voces de líderes y pueblos del mundo tal y como hiciera la inquisición ahorcando, crucificando y quemando libertadores como Hatuey y tantos otros miles imponiendo la extinción de taínos, aztecas, mayas, incas, mapuches… Y, bueno, el caso es que Bolivar derrotó a Morillo, carajo, un militar que Fernando VII rey felón Borbón, había enviado con 10.000 soldados y no se cuantos barcos para reconquistar Colombia, pero qué vaina, qué patraña es esa carajo, y se alza la espada de Bolívar y miles de guerrilleros desde Los Llanos hasta los Andes hicieron huir las tropas imperiales intrusas: <> , dijo indignada una mujer colombiana en la ceremonia de toma de posesión de Gustavo Petro, como presidente, viendo al opulento omnipotente sentado mientras pasaba la espada de Bolívar por delante de sus narices, mientras el resto de invitados se levantaban en respeto al histórico libertador, que luchó, como luchara sin titubeo alguno el inolvidable Miranda, por la liberación de los pueblos de América del yugo de los monarcas. Pero en verdad lo que en realidad pasó es que un fantasmita proletario recorriendo el 4 mundo gritó, ¡que se levanten los que han sido elegidos sin imposición!!! Lógicamente no tenía cabida, para un rey, como para un presidente de gobierno a la española, tan democrática en linaje de colonias, presto a regocijarse, presumir y hasta poder seducir y complacerse servil ante el imperio del gran Tío Sam, de lo que atrás quedó como un genocidio no como un descubrimiento. Según los medios internacionales Gustavo Petro ganó las últimas elecciones los más “entendidos” informan que es la primera vez que la izquierda gana en Colombia. Pero lo que no nos dirán nunca, por muy informados que estén, es que en la historia de este país otros candidatos de izquierda no las pudieron ganar jamás y mucho menos hacer la revolución sencillamente porque los fueron fulminando bajo las balas. No se si el ya, nuevo presidente, logró llamar al de Cuba para ofrecer ayuda contra el incendio impresionante de los tanques de petroleo en Matanzas, como hicieron otros países vecinos, pero lo que sí hizo el nuevo presidente ante sus seguidores fue apuntalar el mandato hasta clavar el aguijón: <>. Cumplir a cumplido ya públicamente de forma soberana única para que no haya pensamientos inequívocos, ¡vivir para contarla!, dijo García Márquez ¡Uffff, tremenda disciplina solidaria con el capitalismo y sus oligarquías, que muy poco, perdón, nada se le parece a la espada de Bolívar!!! Pareciera que Latinoamérica se “europeíza”, como el yanqui en Ucrania, una nueva partida de presidentes (para la democracia) están en boga en lenguaje populista de marear la perdiz para luego entregarla en bandeja.

 

El presidente Petro, no engaña, poco antes de ser elegido advirtió que él, no es socialista, y, en temblor de primaveras parece que Colombia supo elegir, y eligió, según el electo: vivir sabroso. Dicen algunos de los medios más gustosos de tildarse progresistas que: »El nuevo presidente y su vicepresidenta, Francia Márquez, abren la esperanza y plantean una política del amor, entendida como una política del entendimiento y del diálogo en un país absolutamente fracturado». Y amor hay que tener, mucho amor a raudales de derroche, para poder amar al criminal que en los poderes fácticos asesinó (sólo) por obedecer órdenes: de narcomilitares, de nazis uribistas, CIA, de la embajada de EEUU, y entre otros del propio Pentágono. Lo cierto es que tanto en Argentina con Alberto Fernández, como en Perú, con Pedro Castillo, y en Chile con Gabriel Boric, no se están destacando precisamente por desarrollar políticas sociales y de justicia, que prometieron a sus respectivos pueblos, más bien todo lo contrario, el crimen sigue impune, como los criminales, que es lo que hacen las formaciones socialdemócratas cuando llegan al poder; tampoco López Obrador, en México, está resultando sincero sobre todo en su política interior de gran complejidad en su país, de eso no hay duda, pero una cosa es bien cierta, las desigualdades siguen como antes y el narcotráfico y las mafias dominan y controlan pueblos y ciudades asesinando líderes sociales, mujeres por el hecho de ser mujer, sindicalistas, periodistas, abogados… Presidentes indefensos que no son los que mandan sino los que blanquean y de qué modo. Presidentes para la paz del “Pacto Histórico”, de los magnates, un amor a medida interclasista a raudales por el ‘vivir 5 sabroso’ del lado del opresor. No se arregla por arte de magia un país como Colombia, o México, por muy ‘hércules’ que él o la que se preste así lo considere, no es fácil, mucho menos con amigos y guías tipo Felipe González, Pedro Sánchez… con los que hablar de los intelectuales y poetas de la República, como en México, sirviendo con ello aunque de manera inconsciente fuera a los mismos mandos de la misma cruzada nazifascista, a la vez que, en Colombia, invitando la estela de los monarcas impuesta a dedo por dicho “héroe”, pichones de ‘el gran dictador’ procreándose a través del Eje de la Europa civilizada. Tremenda fregada la de las democracias: manteniendo las 7 bases militares de los gringos en tu país y periódicas cenas en su embajada, ¿te asegurará un virreinato apacible?.

 

 

 

NOTA

 

Jorge Eliécer Gaitán es el caso más conocido internacionalmente de los candidatos asesinados en Colombia. Había sido directivo del Partido Liberal, pero su desarrollo político e intelectual le llevó a situarse más hacia la izquierda y fundar partido de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR). El líder colombiano fue asesinado a balazos frente al Hotel Continental de Bogotá el 9 de abril de 1948. La muerte de Gaitán recrudeció la violencia y el gaitanismo dio origen a la lucha armada de izquierda que se ha mantenido durante más de 60 años. En 1933 funda la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, y su órgano periodístico ‘El Unirismo’, y en 1936, asume el cargo de alcalde de Bogotá al parecer seducido por los dirigentes tradicionales del Partido Liberal: adelantó reformas sociales, promovió la municipalización de los servicios públicos y trató de establecer comedores sociales. En 1940, el presidente Eduardo Santos Montejo lo nombró Ministro de Educación: desde donde emprendió una gran campaña de alfabetización, implantó el zapato escolar gratuito, los restaurantes escolares, el cine educativo ambulante, la extensión cultural masiva e inició el Salón Nacional de Artistas, continuó su intensa vida pública como jurista, y político (su acción política se dirigió fundamentalmente contra la oligarquía y por la restauración moral). En las elecciones presidenciales de 1946, el Partido Liberal se dividió entre las candidaturas de Gabriel Turbay (sector oficialista del partido) y Gaitán, claramente inclinado a la izquierda apoyado por los sectores más populares. A inicios de 1948 al saberse la noticia de la masacre de varios liberales en varios pueblos del país, a manos de conservadores, Gaitán organizó varias marchas con masiva asistencia entre las que destacan la ‘Marcha de las Antorchas’ y la ‘Marcha del Silencio’. El 8 de abril de 1948 tras defender hasta bien entrada la noche a una persona en los tribunales, reposó y salió al mediodía del viernes 9 -invitado a almorzar por Plinio Mendoza Neira-, en compañía de varios amigos desde el edificio Agustín Nieto (su lugar de trabajo) para almorzar en el Hotel Continental a la espera de varias reuniones que tendría durante ese día. En su agenda, para la tarde del día de su asesinato, tenía fijadas varias reuniones, entre otras, con el joven líder estudiantil cubano Fidel Castro y el político venezolano Rómulo Betancourt. 6 Un hombre aparentemente (Juan Roa Sierra quizá otros más) lo esperaba en la entrada del edificio disparándole a bocajarro causándole heridas mortales.

 

Jorge Eliécer Gaitán, fue llevado a la Clínica Central, donde murió sobre las 2:05 de la tarde. Roa, por su parte, fue linchado, amarrado con corbatas en la carrera Séptima y arrastrado hasta la plaza de Bolívar. Desde ese momento la multitud creció en cuestión de segundo por miles. Ante la respuesta del ejército, la masa espontánea que había acudido tras conocer el crimen, se atrinchera, esperando órdenes de los jefes liberales, que pretendían reunirse con el presidente Mariano Ospina Pérez. A medida que avanzaba la tarde fueron armándose, irrumpiendo en las calles y estaciones de policía, donde algunos oficiales entregaron sus armas para poder salvar sus vidas. La defensa del Palacio de La Carrera (actual Casa de Nariño) por la Guardia Presidencial y francotiradores no identificados, localizados en las edificaciones más altas cercanas al palacio entre estas las iglesias, impiden que la multitud entre al lugar donde se halla el presidente. La multitud dio paso a los cinco tanques de guerra que fueron dirigidos al lugar, creyendo que estaban apoyando su causa y, muy probablemente, así fue, hasta el momento en que fue asesinado el coronel que los comandaba, poco antes de llegar al palacio. Una vez en la plaza, los tanques giraron y dispararon a la multitud masacrando unas 300 personas. Dos exagentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) reconocen en el libro «The Invisible Government» (El Gobierno Invisible) la participación de la agencia de inteligencia estadounidense en el asesinato de Gaitán, versión que el gobierno de Cuba ratificó en 2005 con un documental llamado «Operación Pantomima», como se llamó el plan de la Agencia Central de Inteligencia para perpetrar el asesinato de Gaitán, que provocó una violenta reacción popular con su correspondiente represión gubernamental conocida como «El Bogotazo», que destruyó 142 edificaciones del centro de Bogotá. La lucha por el magnicidio no se concentró solo en la capital, también en ciudades importantes cercanas a Bogotá como Zipaquirá. Los municipios y regiones gaitanistas reaccionaron en igual o mayor proporción y, en casos como Barrancabermeja, la situación se extendió por más de un mes. Posteriormente, los enfrentamientos bipartidistas se extenderían a otras regiones durante la época conocida en el país como ‘La Violencia’. Y Galeano enseña el camino a seguir con una frase sencilla: ¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia?

 

Maité Campillo (actriz y directora d` Teatro Indoamericano Hatuey)

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