ESTO NO ES UN ARTÍCULO SOBRE VENEZUELA
¿Cómo
se vería nuestro país si le aplicásemos el mismo filtro que los grandes medios
usan con el gobierno bolivariano?
ISAAC
ROSA
España no es
una democracia, aunque celebre elecciones. Tiene comportamientos propios de una
dictadura. Podemos llamarlo “régimen”. El régimen español. O sin medias tintas:
la dictadura española. El partido gobernante, heredero del franquismo, ganó
unas elecciones avaladas internacionalmente y reconocidas por la oposición,
pero tras su victoria se ha dedicado a violar sistemáticamente los derechos
humanos: pobreza, paro, desahucios, malnutrición infantil, gente pasando frío y
buscando comida en contenedores. También los derechos políticos: ley mordaza,
abusos policiales, palizas y disparos que dejan manifestantes tuertos,
activistas sociales detenidos y numerosos presos políticos (sindicalistas,
huelguistas, independentistas vascos). El gobierno manipula los medios públicos
y los privados afines para desacreditar y criminalizar a la oposición
democrática. En cuanto al conflicto del País Vasco, al norte del país, se
conocen casos de tortura, cierre de periódicos, ilegalización de partidos y,
años atrás, asesinatos parapoliciales. Recientemente la organización ETA
abandonó unilateralmente la resistencia armada contra el régimen, pero el
gobierno mantiene la represión y se niega a liberar a los combatientes vascos
encarcelados. Como toda dictadura, España es un régimen corrupto: el partido
gobernante ha saqueado regiones y ayuntamientos, y evadido millones al
extranjero. La Justicia, controlada por el gobierno, intenta mantener una
apariencia de independencia, pero la norma es la impunidad.
¿Reconocen a
España en el párrafo anterior? ¿Es una descripción exacta? Todo lo que ahí se
enumera es completamente cierto. Y sin embargo… El relato nos chirría, nos
incomoda. Quizás es el lenguaje elegido. Quizás cierta exageración. Quizás que
faltan matices importantes, y muchas otras cosas que no se cuentan y que
también ocurren en España. Quizás que es una mirada parcial, interesada, muy
sesgada.
Ahora imaginen
que España llevase años en el lado equivocado del mundo. Que no fuese un aliado
fiel de Estados Unidos, miembro de OTAN y Unión Europea, y perfectamente
inserto en el capitalismo global, sino todo lo contrario: un país empeñado en
hacer su propio camino, y además aliado con gobiernos de mala fama. Y que
encima fuese una tierra rica en petróleo. Imaginen también que una parte de la
oposición y del poder económico local estuviese empeñada en derribar cuanto
antes ese “régimen”, recurriendo a todos los medios legales, pero también el
golpe de Estado y el sabotaje.
De ser así,
tengan por seguro que la imagen de España en la prensa internacional sería la
del primer párrafo. Qué digo. Sería mucho peor. Además de sesgada, incluiría
intoxicaciones, informaciones falsas. El régimen español. La dictadura
española. Si encima nosotros no fuésemos españoles, sino habitantes de un país
lejano pero con intereses empresariales allí, y tuviéramos un partido cuyos
fundadores se relacionaron en el pasado con aquel “régimen”, entonces nuestros
telediarios y portadas de periódico serían unánimes y machacones.
Ojo: nada de
eso justificaría el deterioro democrático, la represión, la pobreza o la
corrupción de esa España ficticia. Ni la hostilidad internacional (con EEUU a
la cabeza), ni el juego sucio de parte de la oposición y del poder económico,
ni la caída del precio del petróleo o la pérdida de socios regionales,
servirían para disculpar los fracasos de ese imaginado gobierno español, como
no sirven para disculpar los fracasos políticos y económicos propios de ese
otro país que todos están pensando (y que se parece al nuestro como un huevo a
una castaña, por si alguien cree ver aquí una comparación entre países tan
opuestos).
Todos esos
elementos no lo disculparían ni lo harían bueno, pero serían imprescindibles
para tener una explicación completa. Una explicación que además incluyese todo
lo hecho por unos y otros, tanto lo bueno como lo malo. Salvo que prefiramos
quedarnos con una simplificación grotesca e interesada como la del primer
párrafo. Ustedes eligen.
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