lunes, 19 de abril de 2010

PALABRAS DE JOSE RIVERO EN LA PRESENTACION DE JESUS CASTELLANO EN LA LIBRERIA AGAPEA

CASTELLANO
José Rivero Vivas

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Jesús Rodríguez Castellano tiene el afán de todo escritor auténtico, cual es perseguir la plena consecución de la literatura en su cuidada y excelente expresión. Bien equipado para ello, se adentra en experimentación, abierta y difusa, para desembocar, a veces, en un realismo descarnado, impregnado de una terminología que pudiera aparecer chocante, pero que, dada su fluidez narrativa, emerge limpiamente ―cual en Céline―, del fondo escabroso que intenta prodigarle como lema constante y leitmotiv de su arduo quehacer.

Serio y sencillo en su allure, advierte valores exquisitos en otros autores, amigos y extraños, lo que sin ambages señala a lo largo de sus relatos, sin que por asomo le coarte su breve o extensa dimensión. Sucede además que es amante del ambiente en que se mueve, lo que trasluce con efectividad en cualquiera de sus narraciones. Tómese como ejemplo sus vueltas en torno a determinados lugares, de tránsito cotidiano, en una de sus recientes publicaciones, a la cual haremos aquí alusión.

En su novela TELARAÑA, de corte un tanto farragoso quizá ―por causa de la precipitación en su acabado, motivo que induce a catalogarla de pre-novela, sin que esta consideración reste méritos a su logro final ―, incide en un estilo propio, aunque un tanto distante de sí y su meta vocacional, influencia tal vez de García Márquez, o bajo influjo de Isaac de Vega, maestro en esta arte de narrar, no en hermetismo, sino evitando la transparencia del límpido cristal, de modo que aparezca el escrito como empañado de humo y veladuras, lo cual no desdora en absoluto su luminosidad interna. Ello motivado acaso por la necesidad de amparo que le proporcionaba el difuminado disfraz en un período histórico que requería de salvoconducto para lograr permanencia y sana vitalidad como ineludibles elementos de pervivencia.

Se aparta Jesús ―según propia declaración― del surrealismo y el ensueño para internarse en un mundo real, lleno de historias, en las que da nombre verídico al medio donde se desarrolla la acción o inacción de la trama. A esta característica pertenece EL PINTOR ASESINO, novela enjundiosa, de estilo ágil y ameno, localizada en conocido entorno de San Andrés, su pueblo, bien arraigado en su entraña, pese a los muchos años de ausencia y su firme vínculo con otras localidades de Tenerife, y aun allende nuestro mar. Esta novela prueba su deriva hacia una narrativa menos alambicada y nos muestra su fuerza creativa en la disparidad de aliento y contumacia feliz que rebosa en su estructura y su forma.

Hago mención a estas dos obras por tratarse de los volúmenes leídos hasta la fecha. En lo sucesivo, dado que nuestro encuentro de escritores ha sido positivo, es de esperar que obtengamos buen acierto en el hecho de dispensarnos la estrecha aproximación humana que puede brindarnos nuestra vecindad, en San Andrés, reducido ámbito en que crecimos y luchamos por edificar nuestro sentir, en cuanto personas de bien.

José Rivero Vivas

San Andrés, Tenerife, abril de 2010

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3 comentarios:

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