EL AUTÉNTICO COMITÉ DE EXPERTOS
DAVID TORRES
Ayer se formó un tremendo alboroto al conocerse la noticia de que el comité de expertos que aconsejaba la toma de decisiones durante la desescalada no era un verdadero comité de expertos, sino un grupo multidisciplinar de especialistas en diversas disciplinas (epidemiólogos, economistas, sociólogos) coordinado por Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica. Es decir, que quienes ayudaban al ministro de Sanidad, Salvador Illa, en la elaboración del plan para la desescalada por comunidades autónomas, no eran expertos en la precisa extensión del término sino únicamente un consejo de científicos que no participaba en las decisiones de cambios de fase y que sólo asesoraba al ministro.
Como ven, la
noticia es para mear y no echar gota. Aun así, los expertos redactores del
periodismo patrio se apresuraron a retorcer la sintaxis y sacar de quicio la
semántica para exprimir una serie de titulares digna de Groucho Marx. Algo así
como que el ministro de Sanidad tomaba las decisiones al tuntún, extrayendo
papeletas de un bombo, porque no estaba respaldado por un auténtico comité de
expertos sino por un comité de auténticos expertos. No hay más que echar un
vistazo a la hemeroteca y rastrear el comité de expertos para afrontar la
crisis económica del que se rodeó Pablo Casado -otro auténtico experto, aunque
más en escaladas que en desescaladas-, un batiburrillo en el que había varios
ministros de los gabinetes de Aznar y de Rajoy. Una lástima que no pudiera
incluir entre ellos a formidables maestros de la rapacería y el milagro
financiero, como Matas o Rato, ya que este último nos habría sacado de la
crisis a campanazos.
Por si fuera poco,
Casado disponía de otro órgano informal de consulta, al que denominó comité de
sabios, entre los que se contaban Luis de Guindos, uno de los responsables del
fenomenal batacazo de la filial europea de Lehman Brothers, y Miguel Arias
Cañete, auténtico experto en formación de camareros de los de antes y asesor en
cuestiones de manteca colorá. Todo esto formaba parte de una gran maniobra
alternativa a la iniciativa del gobierno que Casado denominó "plan B para
la desescalada". La verdad, nadie podía acusarle de no dar suficientes
pistas al personal, porque todo lo que había hecho el PP en materia de
desfalcos, robos, tramas corruptas, sobres y financiación ilegal del partido,
lo había hecho, efectivamente, en B.
El humorista Fred
Allen dijo que un comité es un grupo de personas carentes de preparación nombradas
por otras carentes de disposición para hacer algo carente de utilidad. Pero lo
que verdaderamente repatea al PP y a sus voceros es que el ministro Illa no
diera los nombres de su comité técnico de expertos para así utilizarlos de
tentetieso y arrastrarlos por el fango, como han hecho durante meses con
Fernando Simón, un hombre que sabe de enfermedades y pandemias lo que no está
escrito, pero que no es un auténtico experto como lo son, por ejemplo, Pablo
Motos o José Manuel Soto. Bastaría que hubieran puesto a Soto a cantar desde el
balcón de su casa y que retransmitieran la barrila a toda España para que el
coronavirus hubiera huido por patas y no se le hubiera vuelto a ver el pelo ni
de refilón.
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