sábado, 31 de octubre de 2020

UNA CANCIÓN EN LA TORMENTA

 

UNA CANCIÓN EN LA TORMENTA

RUDYARD KIPLING

Asegúrate bien de que a tu lado peleen

los océanos eternos, aunque esta noche

el viento en contra y las mareas

nos hagan su juguete.

A fuerza de tiempo, no de guerra,

en medio del peligro nos guiamos:

Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino

dondequiera que aparezca

en todo tiempo de angustia y también

en el de nuestra salvación,

el juego vence siempre al jugador

y el barco a su tripulación.

 

De la niebla salen rumbo a la tiniebla

las olas que brillan y se encrespan.

Casi estas aguas sin conciencia se comportan

como si tuviesen alma-

casi como si hubieran pactado sumergir

nuestra bandera debajo de sus aguas verdes:

sea bienvenida entonces la descortesía del Destino

dondequiera que pueda verse, etc.

 

Asegúrate bien, a pesar de que las olas y el viento

en reserva guardan ráfagas aún más poderosas,

que los que cumplimos las guardias asignadas

ni por un instante descuidemos la vigilancia.

Y mientras nuestra proa flotando rechaza

cada carrera frustrada de las olas,

canta, sea bienvenida la descortesía del Destino

dondequiera que se desvele, etc.

 

No importa que sea barrida la cubierta

y se rompan la arboladura, el maderamen-

de cualquier pérdida podremos sacar provecho

salvo de la pérdida del regreso.

Por eso, entre estos Diablos y nuestra astucia

deja que la cortesía de las trompetas suene,

y que sea bienvenida la descortesía del Destino,

dondequiera que se encuentre, etc.

 

Asegúrate bien, aunque en poder nuestro

nada quede para dar

salvo sitio y fecha para encontrar el fin,

y deja de esforzarte por vivir,

que hasta que éstos se disuelvan, nuestra Orden se mantiene,

nuestro Servicio aquí nos ata.

Sea bienvenida entonces la descortesía del Destino,

dondequiera que aparezca,

en todo tiempo de angustia y también

en el de nuestro triunfo,

el juego vence siempre al jugador

y el barco a su tripulación.


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